¿Sirve de algo este próximo 2D?


La respuesta, obviamente, es que sí. Sin embargo quisiera “automatizarme” puesto que creo, honestamente, que no es únicamente cuestión de votos, escaños o cuotas. Y me explico. Allá por el año 1991 Václac Havel, siendo presidente de Checoslovaquia, decía en sus Meditaciones de verano: “Las mejores leyes y los mecanismos democráticos mejor concebidos no garantizan por sí mismos la legalidad, la libertad, los derechos humanos – en suma, aquello a lo que se orientan – si no están sustentados por ciertos valores humanos y sociales […] sin valores morales y deberes compartidos y profundamente arraigados, ni el derecho ni los gobiernos democráticos, ni la economía de mercado funcionarán correctamente”.

Puede que el planteamiento de Havel pudiera parecer un tanto exagerado. Por eso, a modo de ejemplo, me remito a dos interrogantes a los que, en mi modesta opinión, únicamente se les podrá dar verdadera respuesta contando con planteamientos como los de Havel. De modo que interrogante “a”: – ¿Acaso el mero endurecimiento en la normativa interna de los partidos políticos sanará de raíz la corrupción en el mundo de la política?-. E interrogante “b”: – ¿Sabrán más ingles sus hijos o nietos por un nuevo diseño curricular de la Consejería del ramo o por su empeño y dedicación a la hora de motivarlos para sus estudios?-.

No hace mucho tiempo, el teólogo español Olegario González de Cardedal, en su obra Ciudadanía y cristianía. Una lectura de nuestro tiempo (Madrid 2016), advertía de un claro empobrecimiento en el seno de la sociedad española; un empobrecimiento cuya percepción se acrecienta si se compara con la pujanza social de la sociedad española de la Transición: “De la inmensa variedad de organizaciones, grupos, asambleas que caracterizaron aquellos años [los años de la Transición], hemos pasado a un silencio de la sociedad civil, cuyos dinamismos han sido usurpados y apropiados por los partidos políticos. Apenas nada ha quedado del dinamismo y de las iniciativas de aquella pujanza”.

Sinceramente creo que con una sociedad sin muchos más elementos de cohesión, con una sociedad en la que prevalece el individualismo y el asociacionismo es una “rara avis” y con la clara ausencia de un liderazgo moral difícilmente se podrá avanzar en un “verdadero progreso”. A estos factores todavía tendría que añadirse otro – también planteado por González de Cardedal: “Uno de los límites, llámeselos defectos o pecados del español, es su desinterés, su desidia o incluso su desaprecio de las grandes obras que sus conciudadanos realizan. No se alegra con ellas lo suficiente como para ofrecer ánimo, aliento y confianza a sus creadores”.

La cuestión es – y vuelvo a mi modesta opinión – que partidos políticos y clase política gobernante necesitan “un pepito grillo” – lo triste es que parece que no se hacen eco especialmente de las verdaderas necesidades a corto y largo plazo de una sociedad – que de una forma permanente les haga ver que para gobernar tendrán que contar con alternativas, por ejemplo, como las que siguen: a) Entre un sistema económico que favorece el crecimiento y otro que se preocupa más de los costes humanos que aquel lleva consigo, como el paro, las clases desfavorecidas, la repercusión sobre el matrimonio y la familia. b) Entre una libertad de expresión y de crítica casi ilimitadas por un lado y por otro los valores de intimidad personal, de familia y de religión, que constituyen el fundamento de una dignidad e identidad que van más allá de las realidades puramente materiales, y que son consideradas por muchos tan esenciales o más que estas.C) Entre el acogimiento de la inmigración masiva y el rechazo.

En resumidas cuentas: El 2D hay que ir a votar. Pero ese dato será mera anécdota si no se escucha, se piensa, se dialoga y se cede – todo ello en modo “largo plazo” – el resto de los 1.460 días de la legislatura.

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