Decíamos ayer

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La anécdota o genialidad de Fray Luis de León es de sobra conocida pero puede dar pie a un “decíamos ayer” cara al nuevo curso recién inaugurado. No en vano, difícilmente se avanza si no hay un “marcapáginas” que nos lleve al lugar donde lo dejamos. Con el “decíamos ayer” y el “marcapáginas” evocaremos en modo preguntas algunos logros y retos.

En nuestro particular y eclesial “decíamos ayer” conviene preguntarnos: ¿Dónde encontrar el apoyo para desembarazarnos de los cansancios y decepciones que nos paralizan?”.

En nuestro particular y eclesial “decíamos ayer” conviene ser realistas ya que “en muchas comunidades cristianas, con sus pastores al frente, se tiene la sensación de que no hay relación entre los esfuerzos por iniciar en la vida cristiana y los frutos que se obtienen”.

En nuestro particular y eclesial “decíamos ayer” conviene preguntarse: “¿Por qué después de tanto esfuerzo y de haber concluido formalmente la iniciación cristiana no se logra que los iniciados vivan de la fe e insertos en la comunidad cristiana?”.

En nuestro particular y eclesial “decíamos ayer” conviene poner “el dedo en la llaga”: “La mayoría de los creyentes vivimos entregados a un exceso de actividad, confiamos demasiado en lo que nosotros podemos hacer y no contamos con la necesaria gracia de Dios. Por esta razón, porque ni está alentada ni secundada la acción del Espíritu, nuestra actividad, además de resultar estéril, nos hace perder el sentido y nos agota”.

En nuestro particular y eclesial “decíamos ayer” conviene no hacer oídos sordos a planteamientos como el del teólogo Rahner: “El cristiano del futuro o será un ‘místico’, es decir, una persona que ha ‘experimentado’ algo, o no será cristiano. Porque la espiritualidad del futuro no se apoyará ya en una convicción unánime, evidente y pública, ni en un ambiente religioso generalizado, previos a la experiencia y a la decisión personales”. O este otro de Walter Kasper citando a Rahner: “El problema no es demostrar que Dios existe. Lo decisivo es descubrir el misterio de Dios en el mundo y en nuestra vida. Karl Rahner llamó a esto ‘mistagogia’, o sea, iniciación al misterio. Igualmente se podría decir: la nueva evangelización es ante todo una escuela de oración. También en la actualidad existen más personas de las que pensamos que, como los discípulos de Jesús, suplican: ‘¡Señor, enséñanos a orar!’ (Lc 11, 1)”.

En nuestro particular y eclesial “decíamos ayer” conviene no perder de vista en ningún momento que “el Dios al que sirve la Iglesia es un Dios vivo. El Dios cristiano es un Dios que se comunica, que se dice a sí mismo, que sale al paso de la vida de cada hombre y mujer que viene a este mundo para hacerse el encontradizo y entablar una relación de amistad con él (cf. DV 2)”.

En nuestro particular y eclesial “decíamos ayer” conviene reconocer hechos como el que sigue: “Muchas veces, en el imaginario de los que se dedican a la transmisión de la fe, existe la idea de que el camino de encuentro entre Dios y el hombre se parte por medio. Es decir, si bien Dios, con la encarnación y la pascua de su Hijo, ha hecho un camino hacia el ser humano, este solo llega al punto medio, y el hombre debe hacer, autónomamente, su propio camino, acudiendo a ese punto en el que Dios lo cita”.

En nuestro particular y eclesial “decíamos ayer” conviene reconocer también “la inercia de una evangelización que se ha realizado de espaldas a la experiencia de Dios y tantos son los prejuicios que saltan cuando se habla de ‘mística’ que no resulta extraño que enseguida surjan objeciones ante su mera propuesta”.

En nuestro particular y eclesial “decíamos ayer” conviene tener en cuenta: “Si el anuncio no conecta con la acción antecedente que Dios lleva con el interlocutor, este no se sentirá concernido. Pero, a la vez, si no hay anuncio del núcleo esencial del Evangelio, la acción misteriosa de Dios permanecerá oculta y no obtendrá la respuesta que únicamente puede ser promovida por la palabra evangélica. En realidad, se trata de que el anuncio se articule como un proceso mistagógico por el que el creyente acompaña a su interlocutor en el camino que conduce hacia el misterio divino”.

En nuestro particular y eclesial “decíamos ayer” convienerecordar el hecho de que el Papa “posee la convicción de que nos encontramos con Cristo en la misma misión, y, con él y a su servicio, al tiempo que somos testigos del Evangelio, nos fortalecemos en la fe”.

Aquí estaba el marcapáginas. Aquí comienza el “decíamos ayer”. Para más señas, las comillas corresponden al libro de J. C. Carvajal, Evangelizadores al servicio del Espíritu.

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