Simplicidad


¿Algún cura te ha hablado en un sermón de la simplicidad? – ¡¡¡Católico practicante!!!, ¿serías capaz de definirla?-. En este orden de las cosas y si sigue siendo válido como principio hermenéutico aquello del “Evangelio sine glossa”, convendría estar, y muy atentos,a la advertencia de Jesús a sus discípulos: “Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más vosotros gente de poca fe?”.Por cierto, y dicho sea de paso, interesante donde los haya es el comentario del filósofo Kierkegaard a este pasaje evangélico en su libro Los lirios del campo y las aves del cielo -. Luego, en resumidas cuentas, ¿sería la simplicidad, a día de hoy, una “virtud digna de ser perseguida”?

En estos días he vuelto a toparme con un pasaje de la conocida obra de teatro de Georges Bernanos titulada Diálogo de Carmelitas – según sea tu punto de partida el hecho sería achacable bien a la Providencia o bien a una simple coincidencia –; independientemente de la interpretación, el hecho es que he podido releer toda una consideración sobre una realidad de vida cristiana como es la simplicidad relativamente poco predicada y propuestacomo ya se ha dicho. El cuadro – escena VIII – tiene lugar en el lecho de muerte de la Priora del convento en el que acontece el citado “diálogo de carmelitas”. La Priora responde de este modo al “no miedo” a la pobreza de Blanca, la gran protagonista del drama:

La Priora: ¡Oh! Existen muchas clases de pobreza, hasta la más miserable; y esta la tendréis hasta la saciedad… Hija mía, suceda lo que sucediere, no abandonéis la simplicidad. Al leer nuestros buenos libros podría creerse que Dios prueba a los santos como un herrero prueba una barra de hierro para medir su resistencia. No obstante, actúa también a la manera de un curtidor que palpa con sus yemas una piel de gamo para apreciar su suavidad. ¡Oh, hija mía, sed, siempre, esa cosa dulce y maleable en Sus Manos! Los santos no se alzan contra las tentaciones, no se rebelan contra ellos mismos; la rebelión es siempre cosa del diablo. ¡Sobre todo no os despreciéis nunca! Es dificilísimo despreciarse sin ofender a Dios en nosotros. Sobre este punto debemos cuidarnos bien de tomar a la letra ciertas palabras de los santos. El desdén de vos mismo os conducirá, derechamente, a la desesperación. Acordaos de estas palabras, aunque al presente os parezcan oscuras. Y, para resumirlo todo en un concepto, que jamás se halla en nuestros labios a pesar de que nuestros corazones no lo olvidan, siempre pensad que vuestro honor está al cuidado de Dios. Dios ha tomado vuestro honor a su cargo. Se halla más seguro en Sus Manos que en las vuestras

De forma novelada pero también el mismísimo Bernanospone las siguientes palabras en las líneas del diario de un moribundo Sr. Cura-Párroco de Ambricourt: –“Lamento mi debilidad ante el doctor Laville. Debería avergonzarme de no experimentar ningún remordimiento, pues, ¿qué idea se habrá forjado de un sacerdote aquel hombre tan resuelto y tan firme? ¡No importa! Todo ha terminado ya. La especie de desconfianza que tenía de mí, de mi persona, acaba de disiparse, creo que para siempre. La lucha ha terminado. No la comprendo ya. Me he reconciliado conmigo mismo, con este despojo que soy. Odiarse es más fácil de lo que se cree. La gracia es olvidarse. Pero si todo el orgullo muriera en nosotros, la gracia de las gracias sería apenas amarse humildemente a sí mismo, como a cualquiera de los miembros dolientes de Jesucristo”.

Dicho lo cual, y en plena conciencia de que estas líneas tal vez no hayan dado como resultado una definición de la simplicidad, se podría concluir con el pensamiento de Chesterton en su Autobiografía sobre la virtud que más veía resplandecer en su padre: “Sin embargo, durante todos aquellos años, el mundo, e incluso los vecinos de al lado, le tenían por un hombre de negocios digno de confianza y capaz, pero desprovisto de ambición. Fue una magnifica primera lección en lo que es también la última lección de la vida: en todo lo importante, el interior es mucho mayor que el exterior. En resumen, me alegro de que nunca fuese un artista. Ello podría haberle impedido ser un amateur. Podría haber estropeado su carrera su carrera personal. Nunca habría conseguido un vulgar éxito en las miles de cosas que con tanto éxito hacia”.

Por lo que se ve, hay palabras que sólo tienen cabida ydefinición en el cristianismo.