Un inglés en Irlanda


De la Irlanda de comienzos del siglo XX, de las impresiones que le produjo la visita a aquella isla, decía un inglés como Chesterton – en uno de sus libros de viajesrecientemente traducido al español por primera vez y que lleva por título Impresiones irlandesasque “allí, al menos, el ideal cristiano era algo más que un ideal; era, en un sentido especial, real”. Pero, ¿dónde percibió Chesterton ese realismo exactamente? ¿Podríamos aprender algo de él o al menos cuestionar algunas de nuestras “ínfulas”? Y todo ello con una convicción muy clara por su parte: “Si San Patricio regresara a predicar, se daría cuenta que nada había fracasado, durante todos esos tiempos de agonía, de fe y honor y aguante”.

Frente a la desconfianza del filántropo ingles con respecto a la caridad; de que comete la aberración de hacer al hombre dependiente, argumenta como la caridad hace al hombre independiente, “comparado con la dependencia cansina que suelen producir las organizaciones. La caridad da propiedad, y por tanto libertad”. Y añade: “Hay algo manifiestamente más emancipador en dar a un mendigo un chelín para que se lo gaste que en mandar tras él a un oficial para que lo gaste por él”.

Frente a los que “mantienen la idea extraordinaria de que la religión es un tema” y que, por tanto, es algo “como los rábanos, que se pueden evitar en una conversación particular con una persona concreta, a la que la mención de los rábanos pudiera hacer convulsionar de ira o agonía”, subraya Chesterton como para un irlandés “la religión es sencillamente el mundo en el que vive un hombre”. Más adelante añade: “Una religión no es la iglesia a la que va un hombre, sino el universo en el que vive”.

Frente a una Inglaterra que para Chesterton “ha perdido la nota de algo nacional, porque ha perdido la nota de algo doméstico, Chesterton considera como “todos los caminos en Irlanda, de hecho o folklore, de teología o de gramática, nos llevan de nuevo a la puerta y fuego del hogar, a aquella fortaleza de la familia que es la fortaleza clave de toda la estrategia de la isla. Los católicos irlandeses, como otros cristianos, admiten un misterio en la Santísima Trinidad, pero casi se podría decir que admiten una experiencia en la Sagrada Familia”. En realidad “las cosas más dramáticas ocurren en casa, desde nacer hasta morir. Lo que piensa un hombre sobre estas cosas es su vida; y sustituirlos por un ajetreo de legislación electoralista es deambular entre las pantallas y bambalinas en el lado equivocado del decorado de cartón; y nunca llegar a actuar en la obra. Pues esta obra siempre es una obra milagrosa; y el nombre de su héroe es Todohombre”. Para Chesterton estaba más que claro que “la presente tendencia [ya se entiende que en sus días] a la reforma social parece que consiste en destruir todos los rastros de los padres para luego estudiar la herencia de los hijos”.

Frente a la tendenciosa idea de que los irlandeses soñaban y no trabajaban, responde Chesterton aludiendo a la sencillez de la explicación sobre el prejuicio del irlandés como poco trabajador: “No trabajaba para beneficiar a un capitalista; sino que soñaba en trabajar algún día en beneficio propio. Pero puede haberse dado también esta verdad distorsionada en la tradición; que un campesino libre, mientras que desarrolla su propio trabajo, crea sus propias vacaciones. No está ocioso todo el día, pero puede estarlo cuando le plazca; no se pone a soñar cuando se siente inclinado a ello, sino que elige cuando soñar”. Conviene no olvidar que en estas lides Chesterton sería un personaje rompedor capaz de llegar a decir: “Confiar la propiedad a cualquier funcionario, aunque sean funcionarios gremiales, es como dejar nuestras propias piernas en el guardarropa junto a nuestro bastón o paraguas”.

Dicho lo cual creo que es más que merecido el reconocimiento de Bernard Shaw: “El mundo no agradece a Chesterton ni la mitad de lo que debiera y espero que Irlanda no se encuentre entre los ingratos, pues ningún irlandés, vivo o muerto, ha servido con la pluma a su país mejor que él, ni con más lealtad”.

Lector inquirat.

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