Un párroco de bandera


Que Don Patricio es, fuera de toda duda, un párroco de bandera es un hecho que el que suscribe nunca dudó. Párroco de bandera de la de San Juan Bautista – vulgo La Iglesia – y de San Isidro Labrador – vulgo la Caridad – de la muy noble e ilustre ciudad de Hinojosa del Duque – vulgo Colodronia -. Como tal párroco de bandera engalanó la torre de una de uno de sus templos parroquiales con una enseña nacional cuyo escudo era el Corazón de Cristo. Por lo acontecido se ve que la citada heráldica ha herido ciertas sensibilidades estéticas por lo que ha sido conminado a quitar la citada enseña. Ante semejante hecho es evidente que el signo del Corazón hace evocar el aforismo pascaliano, tal vez no en el sentido dado por el filósofo gabacho sino justo en el contrario. A saber, si decía Pascal “Dieu sensible au coeur, non à la raison”. “Le coeur a ses raisons, que la raison ne connait pas”. Tal vez pueda el sufrido lector, en esfuerzo verdaderamente ímprobo, apelar al corazón de los heridos estéticamente para saber del motivo de semejante prejuicio.

Un párroco de bandera como Don Patricio o como el Father Brown de Chesterton sabe perfectamente que en cuestiones de torres y campanarios conviene tener muy en cuenta “que andar por estas alturas, aun para rezar, es arriesgado. Las alturas fueron hechas para ser admiradas desde abajo, no desde arriba”. Tendrá muy en cuenta que “la humildad es la madre de los gigantes. Desde el valle se aprecian muy bien las alturas y las cosas grandes. Pero desde la cumbre sólo se ven las cosas minúsculas.Además de que considerará – y con poco margen de error – que aquel que se atreve a erigirse en juez desde las alturas de cuestiones estéticas y pseudohistóricas “una vez allí, donde el mundo entero le parecía girar a sus pies como una rueda, su mente también se transformaba, y figuraba ser Dios”.

Don Patricio, con el mismísimo Chesterton, y como tal párroco de bandera, tiene los resortes necesarios como para no olvidar que “la Iglesia siempre ha defendido todo lo que estúpidamente se desprecia. Ya ha comenzado a figurar como la única campeona de la razón en el siglo XX, del mismo modo en que fue la única defensora acérrima de la tradición en el XIX”. Don Patricio considerará que para el XXI se tratará para la Iglesia de ser campeona del Corazón; de ese mismo Corazón con el que, en palabras del Concilio Vaticano II, “amó con corazón de hombre” (GS 22). No en vano, sigue siendo Sagrada Escritura, a prueba de neoinquisidores, estetas y revisionistas históricos el versado Cantar de los Cantares:“Tú has herido mi corazón” (Ct 4, 9); “Ponme cual sello sobre tu corazón… Porque es fuerte el amor como la muerte” (Ct 8, 6).

Nuestro párroco de bandera, conminado a retirar el signo del corazón de Cristo, podrá evocar, sin rubor alguno por su parte, para los heridos estéticamente las palabras del Sr. Cura-párroco de Ambricourt del imaginario de Bernanos: “Señora – le dije -. Si nuestro Dios fuera el de los paganos o los filósofos (para mí es lo mismo) se refugiaría en lo más alto de los cielos; nuestra miseria le elevaría hasta allí. Pero no ignora usted que el nuestro ha venido aquí a la tierra. Puede usted amenazarle, escupirle en el rostro, maltratarle y finalmente clavarlo en una cruz. ¡Qué importa! Los hombres ya hemos hecho todo eso hija mía…

-Repita esa frase… Esa frase sobre… El infierno, el infierno es dejar de amar.

[…]

-El infierno es dejar de amar. Mientras estamos en vida, podemos hacernos ilusiones, creer que amamos al margen de Dios. Pero no nos parecemos más que a los locos, tendiendo los brazos hacia el reflejo de la luna en el agua”(G. Bernanos, diario de un cura rural).

¿Qué ofensa es un Corazón con mayúscula? ¿A qué infierno estamos avocados sin el amor de ese Corazón?

1 Comentario

  1. El problema es que el cura de banderas aprovechó la coyuntura política en Cataluña para instalar la bandera de España en la torre de San Juan Bautista el día 1 de Octubre de 2.017, acto que deja en evidencia el verdadero trasfondo de esa bandera. Un par de días más tarde colocó la imagen del Sagrado Corazón de Jesús y ahora monta todo este revuelo entre diferentes medios, víctima de los malvados hijos descarriados que reniegan del Sagrado Corazón, pues no señor Ariza, de eso nadie reniega. De lo que se reniega es de que se utilice la Catedral de la Sierra para enviar mensajes políticos. Como diría aquel pintor griego llamado Apeles, “zapatero, a tus zapatos”.

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