La santidad para Su Santidad


Para Su Santidad el Papa Francisco, citando a Leon Bloy, “existe una sola tristeza, la de no ser santos”. Como el mismo afirma: -“Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente […] la santidad de la ‘puerta de al lado’” […] “la clase media de la santidad” (7). De ahí su invitación: -“Dejémonos estimular por los signos de santidad que el Señor nos presenta a través de los más humildes miembros de ese pueblo que ‘participa también de la función profética de Cristo difundiendo su testimonio vivo sobre todo con la vida de fe y caridad’” (8).

Para Su Santidad el Papa Francisco no hay riesgo más inminente que aquel por el que “a todos los que en la Iglesia tienen la posibilidad de una formación más alta, san Juan Pablo II les advertía de la tentación de desarrollar ‘un cierto sentimiento de superioridad respecto a los demás fieles’” (45). O aquel otro por el que “aunque hablen de la gracia de Dios con discursos edulcorados ‘en el fondo solo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros por cumplir determinadas normas o por ser inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico’” (49).

Para Su Santidad el Papa Francisco “ser santos no significa blanquear los ojos en un supuesto éxtasis” (96).Al respecto afirma con rotundidad: -“También es nocivo e ideológico el error de quienes viven sospechando del compromiso social de los demás, considerándolo algo superficial, mundano, secularista, inmanentista, comunista, populista” (101). O en otro pasaje: “Podríamos pensar que damos gloria a Dios solo con el culto y la oración, o únicamente cumpliendo algunas normas éticas – es verdad que el primado es la relación con Dios -, y olvidamos que el criterio para evaluar nuestra vida es ante todo lo que hicimos con los demás. La oración es preciosa si alimenta una entrega cotidiana de amor. Nuestro culto agrada a Dios cuando allí llevamos los intentos de vivir con generosidad y cuando dejamos que el don de Dios que recibimos en él se manifieste en la entrega a los hermanos” (104).

Para Su Santidad el Papa Francisco “lo que está cerrado termina oliendo a humedad y enfermándonos”; de ahí que “necesitemos el empuje del Espíritu para no ser paralizados por el miedo y el cálculo, para no acostumbrarnos a caminar sólo dentro de confines seguros” (133).

Para Su Santidad el Papa Francisco podemos “hacer un profeta Jonás”, llevando “latente la tentación de huir a un lugar seguro que puede tener muchos nombres: individualismo, espiritualismo, encerramiento en pequeños mundos, dependencia, instalación, repetición de esquemas ya prefijados, dogmatismo, nostalgia, pesimismo, refugio en las normas. Tal vez nos resistimos a salir de un territorio que nos era conocido y manejable” (134).

Para Su Santidad el Papa Francisco todos estamos “expuestos a un zapping constante. Es posible navegar en dos o tres pantallas simultáneamente e interactuar al mismo tiempo en diferentes escenarios virtuales. Sin la sabiduría del discernimiento podemos convertirnos fácilmente en marionetas a merced de las tendencias del momento” (167). Además de que para Su Santidad el Papa Francisco todo esto “se juega en lo pequeño, en lo que parece irrelevante, porque la magnanimidad se muestra en lo simple y cotidiano. Se trata de no tener límites para lo grande, para lo mejor y más bello, pero al mismo tiempo concentrados en lo pequeño, en la entrega de hoy” (169).Tal y como reza el sabio epitafio de la tumba de san Ignacio de Loyola: “Non coerceri a máximo, contineritamen a minimo divinum est” (Es divino no asustarse por las cosas grandes y a la vez estar atento a lo más pequeño).

Para una mayor información: Su Santidad el Papa Francisco en Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate; subtitulada: Sobre la llamada a la santidad en el mundo actual” con fecha de 19 de marzo de 2018 y promulgada el pasado lunes 9 de abril.