Francisco en el palco del Triunfo


Es sabido que el Papa Francisco no ha estado presente en el palco del Triunfo de la carrera oficial de la “lejana y sola” en ninguna de las jornadas trascurridas. Sin embargo, – y permítaseme la osadía – con relativa facilidad se podría conocer lo que por su mente y su corazón hubiera discurrido al paso de hermandades y cofradías.

De seguro hubiera seguido reafirmándose en la necesidad de crecer en la mirada del Buen Pastor que no busca juzgar sino amar para entender esta realidad. Ya que “sólo desde la connaturalidad afectiva que da el amor podemos apreciar la vida teologal presente en la piedad de los pueblos cristianos, especialmente en sus pobres”. De seguro le vendría a la retina de su memoria “la fe firme de esas madres al pie del lecho del hijo enfermo que se aferran a un rosario aunque no sepan hilvanar las proposiciones del Credo, o en tanta carga de esperanza derramada en una vela que se enciende en un humilde hogar para pedir la ayuda de María, o en esas miradas de amor entrañable al Cristo crucificado”. Con rotundidad asentiría: “Quien ama al Santo Pueblo fiel de Dios no puede ver estas acciones sólo como una búsqueda natural de la divinidad. Son la manifestación de una vida teologal animada por la acción del Espíritu Santo que ha sido derramado en nuestros corazones” (Evangelii Gaudium, 125 – en adelante EG -).

De seguro que con un dolor – propio de muelas – constataría la necesidad de reconocer “que, si parte de nuestro pueblo bautizado no experimenta su pertenencia a la Iglesia, se debe también a la existencia de unas estructuras y a un clima poco acogedores en algunas de nuestras parroquias y comunidades, o a una actitud burocrática para dar respuesta a los problemas, simples o complejos, de la vida de nuestros pueblos”. Como con unos ardores fuertes de estomago le asaltaría el consiguiente pensamiento: “En muchas partes hay un predominio de lo administrativo sobre lo pastoral, así como una sacramentalización sin otras formas de evangelización” (EG 63).

De seguro que le asaltaría su propio “run run” de una pastoral misionera que necesariamente ha de abandonar el cómodo criterio pastoral del “siempre se ha hecho así”. De ahí que con facilidad le asaltase también su misma invitación: –“Invito a todos a ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades. Una postulación de los fines sin una adecuada búsqueda comunitaria de los medios para alcanzarlos está condenada a convertirse en mera fantasía” (EG 33).

De seguro que la tarea – mirada con sano realismo – no le resultaría fácil puesto que “[…] nunca podremos convertir las enseñanzas de la Iglesia en algo fácilmente comprendido y felizmente valorado por todos”. Con sus propias palabras convendría en el hecho de que “la fe siempre conserva un aspecto de cruz, alguna oscuridad que no le quita la firmeza de su adhesión” y que “hay cosas que sólo se comprenden y valoran desde esa adhesión que es hermana del amor, más allá de la claridad con que puedan percibirse las razones y argumentos” (EG 42). Pero siempre teniendo muy claro que “[…] sin disminuir el valor del ideal evangélico, hay que acompañar con misericordia y paciencia las etapas posibles de crecimiento de las personas que se van construyendo día a día” (EG 44).

Finalmente, al paso del Resucitado y de la Virgen de la Alegría y como buen jesuita, recordaría aquello del beato Pedro Fabro: ‘El tiempo es el mensajero de Dios’. No en vano, y también son sus mismas palabras, “es preciso dar tiempo, con una inmensa paciencia” (EG 171).

1 Comentario

  1. SOBRE TODO EL PAPA FRANCISCO HUBIERA DISFRUTADO DE LO LINDO COMO UN CRISTO IBA ESCOLTADOS POR UNOS SOLDADOS PROFESIONALES Y PREPARADOS PARA HACER LA GUERRA Y CANTANDO UN HIMNO QUE HACIA APOLOGIA DE TODO LO CONTRARIO, (ME REFIERO A ESO TAN VULGAR DE LA MUERTE), DE LO QUE PREDICABA JESUS

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