Verticalidad y Manolete


El adjetivo acróstico dícese de la composición poética constituida por versos cuyas letras iniciales – también podrían ser medias o finales – forman un vocablo o una frase. Luego este acróstico – sin llegar a ser poema por ausencia de rima – bien podría titularse “Verticalidad”. Verticalidad ha sido siempre la palabra con la que se me enseñó a comprender y valorar la figura de Manolete – novísimo y parcialmente discutido Hijo Predilecto de la Ciudad de Córdoba -. Verticalidad que, sin purismos ni academicismos, resonará siempre en la hábil pluma gacetillera del inigualable Giraldillo: “Manolete sobre todos los tiempos dando cuerda a los relojes enmohecidos que se pararon en tal o cual año. Manolete parando el viento. Clavado como un maravilloso triunfo de San Rafael en los ruedos de España para la gloria cordobesa del torero […] El Séneca más senequista de todos los sénecas que se han enfrentado con todo el terrible Destino”. (Giraldillo en ABC el de julio de 1944).

El acróstico “rezaría” así:

V. “V” de verdad y “v” de 21 votos contra 8 frente a la “v” de venal y “v” de vulgaridad cuya “forma más reciente es la propensión a escribir torrentes de simplezas sobre cualquier aspecto de cualquier asunto serio, pues la verdadera vulgaridad raras veces se da a propósito de un asunto frívolo” (Chesterton dixit).
E. “E” de estética y capacidad de percepción de la belleza – aquella de la que el mismísimo Shakespeare, en Romeo y Julieta, decía: “Pon ante mí una mujer encantadora al extremo, ¿qué será su belleza sino una página en que podré leer el nombre de otra beldad más encantadora aún” – frente a la “e” de estatalismo; de un estatalismo necesitado de adulación para el que “el antiguo adulador daba por sentado que el rey era una persona normal y se esforzaba en convertirlo en extraordinario”, en cambio “el adulador más nuevo y astuto da por sentado que es extraordinario y que, por tanto, hasta las cosas más normales acerca de él resultan interesantes” (También Chesterton dixit).
R. “R” de respetabilidad frente a “r” de ramplonería – no en vano, ya lo dijo Gabriel Marcel, “la pobreza de los hombres procede de que no saben crear nada porque no saben recibir nada”.
T. “T” de temple y quietud, además de título de justicia frente a la “t” de tergiversación.
I. “I” de icono para una ciudad – no hay más que ir al María Moliner para poder encontrar entre las acepciones del adjetivo manoletino/a ‘Sobriedad manoletina’; ‘pase en que el torero sujeta la muleta por detrás de la espalda’; ‘zapato sin tacón, con la punta redondeada, parecido a la zapatilla que usan los toreros’ – frente a la “i” de idiocia.
C. “C” de caballerosidad con su gentileza, desprendimiento, cortesía y nobleza de ánimo frente a la “c” de cacofonía – presumiblemente propia – de un Salón de Plenos.
A. “A” de arte y “a” de altura de miras frente a la “a” de ayuno de ideas o la “a” de amnésico.
L. “L” de Linares en un 29 de agosto frente a la “l” de liliputiense.
I. “I” de ingenio y genialidad frente a la “i” de ideologizado.
D. “D” de determinación frente a la “d” de desternillante.
A. “A” de ausencia de amusia frente a la “a” de “antitaurino”, “anticapitalista” y “anticatólico”.
D. “D” de denuedo – brío, esfuerzo, valor, intrepidez – frente a la “d” de desagradecido y “d” de desmerecimiento.

1 Comentario

Comments are closed.