Académica sin academicismos


Hace cosa de un mes pude asistir al acto académico de ingreso en la Academia Andaluza de Ciencia Regional de María del Carmen Martínez Hernández, durante muchos años archivera de la Diputación de Córdoba y, a la sazón, secretaria del Instituto Superior de Ciencias Religiosas Beata Victoria Díez de la Diócesis de Córdoba. La escucha de su discurso que versó sobre la realidad del Ente Regional Preautonómico (1975-1978) del que surgirá la Comunidad Autónoma de Andalucía, sin perder un ápice de rigurosidad académica, nos libró de tediosos academicismos para cumplir con una de las tareas propias del historiador de ayudar a interpretar el momento presente.

Al que escribe se le vino a la memoria una atinada reflexión del poeta, novelista y ensayista Jon Juaristi al comentar el “tan traído y llevado”, en su momento, discurso del Papa Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona: “Un discurso universitario impecable […]. No ha pretendido complacer ni divertir al personal. Me gusta su sentido de la etiqueta, pues la etiqueta es, como su propio nombre indica, una versión retórica y cotidiana de la ética. O sea, la ética revelándose en el detalle. Muy bien, Benedicto XVI. A las lecciones inaugurales hay que ir a eso, a sentar una tesis, no a caer simpático” (ABC, 24 de septiembre de 2006).

Del discurso cabría destacar por parte del que escribe dos datos, en mi modesta opinión, claves. El primero de ellos etiquetable con la palabra “desencanto”. “La en su momento recipiendaria” – lo de recipiendario/a dícese de la persona que es recibida solemnemente en una corporación para formar parte de ella – afirmó en un pasaje del discurso: “Andalucía, España, venían de un régimen político donde la participación de los ciudadanos fue sistemáticamente rechazada […] de ahí que las Cortes constituyentes de 1977 despertasen una gran expectación entre los españoles”. A lo que acto seguido añadía: “Expectación que desde 1979 se ha venido frustrando ante el control del ejecutivo y el de los aparatos de los partidos políticos”. Y finalmente se preguntaba: “¿Acaso en 1977 se iniciaba ya el divorcio entre la clase política y los ciudadanos y la realidad económica y social?”. De la mano del magisterio del profesor Cuenca Toribio, encargado de su acogida en tan señalado acto académico, se permitió “la en su momento recipiendaria” recordarnos el siguiente aserto: “Treinta años después de la creación del Parlamento andaluz, el profesor Cuenca Toribio, sin negar su actividad legislativa ni perder la esperanza, lamentaba la grisaciedad con que había transcurrido la vida parlamentaria en Andalucía, así como la desafección de la opinión pública andaluza” (cf. J. M. Cuenca Toribio, Combates por Andalucía, 223).

El segundo dato reseñable – y que me perdone la nueva académica por el dilate que le estoy haciendo a su discurso – va en relación con ese “dichoso sarampión” de nuestra tierra diagnosticado como “paro”. Así invitaba “la en su momento recipiendaria” a considerar: “Podríamos preguntarnos si es que el desarrollo de Andalucía sigue pendiente. El paro en Andalucía en 1974 era del 24%”. Y añadiendo más datos: “La infraestructura viaria se desarrollo considerablemente, la escolarización subió, el analfabetismo descendió pero el paro en 2015 era de un 35,6% y el fracaso escolar en Andalucía en diciembre de 2016, de un 23,6% (la media nacional está en un 19,4%)”. Dicho lo cual sólo quedaría volver a repetir las preguntas en voz alta con las que finalizó su discurso “la en su momento recipiendaria”: “¿Qué ha fallado en estos últimos años? ¿Han sido las políticas de subvenciones? ¿Ha sido la anomia imperante en nuestra realidad social, política, cultural?”.

Sin innecesarios academicismos, el “he dicho” final del discurso se hizo eco de una atinada reflexión de Clavero Arévalo: “El juicio auténtico es el que nos valora por nuestro esfuerzo tenaz, estratégico e inteligente y no por los resultados. A la larga y a la corta sabía y sé que el tema de Andalucía no tiene remedio a plazo inmediato, pero también sé que la Historia nos juzgará por lo que cada generación haya hecho por su tierra permitiendo a los demás que recojan el esfuerzo de quienes les precedieron” (M. Clavero Arévalo, Forjar Andalucía, 30).

Sin más, sólo decir: -¡Enhorabuena Académica sin academicismos!

1 Comentario

  1. EL PARO SIEMPRE HA SIDO, NO UN SARAMPION, SI NO UN CANCER EN ANDALUCIA Y TODO GRACIAS SE QUE EN ESTA BENDITA TIERRA, NUNCA HEMOS TENIDO NI GERENTES NI DIRECTORES DE EMPRESAS, MAL LLAMADAS CORTIJOS Y SUS REGENTES ERAN CONOCIDOS COMO LOS DUEÑOS O LOS AMOS CON EL BENEPLACITO DE LA SOCIEDAD ECLESIÁSTICA QUE NI LUCHABA AL LADO DE LA CLASE OBRERA Y FOMENTANDO EL ANALFABETISMO CON SU MAXIMA DE QUE SI EL OBRERO APRENDE A LEER Y A ESCRIBIR, ACTO SEGUIDO QUERRA ESTUDIAR Y ESO LE PUEDE ACRECENTAR EL PECADO DE LA AMBICION.

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