¿Mes del sacramento para una élite?


Comienzo aclarando que el titulo no es mío. En realidad se lo he tomado prestado a San Juan Pablo que, dirigiéndose a los obispos de Francia en 1987, les decía con respecto a la Confirmación: “[…] sobre todo hay que evitar el reservarla para una élite”. A vueltas aún con el título, ni que decir tiene que Mayo, más no solo, – también de junio se podría decir prácticamente lo mismo – es un mes florido, festivalero y también mes por antonomasia de Confirmaciones (-Del Sacramento de la Confirmación, se entiende -). Como no siempre hay una “buena prensa” de su verdadero significado y utilidad, ¡ahí va una breve guía! (-Que sin ánimo de exhaustivismos, procura responder a cualquier género de duda -).

Abre plaza la siguiente duda: ¿Cuándo instituyó Jesucristo este sacramento? ¿Dónde se encuentra en la Biblia el momento?

Para abrir fuego, ha de notarse que en ningún lugar de la Escritura se dice que Cristo instituyera, mediante un acto formal-institucional, el sacramento de la Confirmación. La institución por Cristo del sacramento de la Confirmación debe ser buscada en la relación de Jesús con el Espíritu Santo, advirtiendo su anuncio y prefiguración en el Antiguo Testamento y su prolongación en la Iglesia. Ahora bien, el libro de los Hechos de los Apóstoles nos ofrece un testimonio de los mismos Apóstoles que hablas, – y muy a las claras – de la realidad de este sacramento: “Como oyeran los Apóstoles, que estaban en Jerusalén, que Samaría había recibido la Palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan. Llegados que fueron, oraron por ellos, para que recibieran el Espíritu Santo, pues todavía no había venido ninguno sobre ellos, sino que estaban sólo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces imponían las manos sobre ellos y recibían el Espíritu Santo” (Hch 8, 14ss.).

Segunda duda en liza: ¿Qué me aporta? O sea, ¿qué efecto tiene? Si el que lee tiene ya su “culturilla en este orden de cosas” puede afinar aún más la pregunta: ¿Cómo puede dar la Confirmación el Espíritu Santo, ya recibido por el bautismo?

Un gran teólogo del siglo pasado como fue Yves Congar se preguntaba: “¿Qué añade la Confirmación a la gracia del Bautismo?”. A lo que él mismo respondía, añadiendo otra pregunta: “El Bautismo cristiano es Bautismo en el Espíritu; confiere la regeneración, introduce en la vida de Cristo, en su Cuerpo. Las liturgias más antiguas y los padres son unánimes en esta interpretación. El Espíritu se da ya en el Bautismo. ¿Por qué se dice entonces que es necesario añadir otro rito para conferirlo?”.

Otro gran teólogo como es C. Schönborn nos puede ayudar a resolver el dilema: “A veces se ha comparado la relación que existe entre Bautismo y Confirmación con la relación que hay entre Pascua y Pentecostés. El día de Pascua, el Señor resucitado se presentó en medio de los discípulos, les saludó con el rito de la paz y les dijo dirigiendo sobre ellos su aliento: ‘Recibid el Espíritu Santo’ (Jn 20, 22). También en Pentecostés recibieron el don del Espíritu Santo, como Jesús les había prometido después de su resurrección: ‘Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos’ (Hch 1, 8). Ambos, Bautismo y Confirmación, confieren el Espíritu Santo y sus dones, pero, al igual que el nacimiento precede necesariamente a la etapa de crecimiento, también el sacramento del nacimiento a la nueva vida debe preceder al del crecimiento en el Espíritu Santo”.

Tercera duda en discordia: ¿Tiene sentido hacer primero la Primera Comunión y después confirmarse?

A tan intrincada cuestión respondo con palabra de Benedicto XVI en Sacramentum caritatis: “Hemos de preguntarnos si en nuestras comunidades cristianas se percibe de manera suficiente el estrecho vínculo existente que hay entre el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. En efecto, nunca debemos olvidar que somos bautizados y confirmados en orden a la Eucaristía. Esto requiere el esfuerzo de favorecer en la acción pastoral una comprensión más unitaria del proceso de Iniciación cristiana” (SaC 17). “Concretamente, es necesario verificar qué praxis puede efectivamente ayudar mejor a los fieles a poner de relieve el sacramento de la Eucaristía como aquello a lo que tiende la Iniciación” (SaC 18). Y él que tenga oídos que oiga.

¿No despista un poco el nombre?

En palabras del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica: “Se llama confirmación porque confirma y refuerza la gracia bautismal. Se llama crismación, puesto que un rito esencial de este sacramento es la unción con el Santo Crisma (en las Iglesias Orientales, unción con el Santo Myron)” (266). Los términos confirmar, confirmación se utilizan por primera vez en el Concilio de Riez (439), a propósito del obispo de Embrum, Armentario, que fue consagrado ilícitamente, aunque se le dejó el derecho de confirmare neophytos. La fórmula, más que un rito específico, designa la intervención del obispo que completa un proceso. El nombre “confirmación” será después justificado por Inocencio III (+1216), cuando, en carta dirigida a Basilio de Trnovo (Bulgaria, 1204), escribe: “Por la unción de la frente se designa la imposición de las manos, que por otro nombre se llama confirmación, porque, por ella se da el Espíritu Santo para el crecimiento y la fuerza”.

En resumidas cuentas y en plan telegrama: “Todos los bautizados deberían ser convocados a recibir este sacramento que no puede entenderse como un sacramento de élites o sólo para grupos de selectos”; “Los católicos que no hayan recibido el sacramento de la Confirmación deben recibirlo antes de ser admitidos al matrimonio”. “El sacramento ha de entenderse como un don gratuito de Dios, sin reducirlo a una pura y simple ratificación personal del bautismo recibido”. “La Confirmación no significa minusvaloración del bautismo de niños”.

-¡Corto y cambio!-

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