Dudas de Domingo de Resurrección


Como dudas de Domingo de Resurrección las hay clásicas. La de María Magdalena dice así: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto” – Ni que decir tiene que ya nuestro Antonio Banderas en el film The Body – película que honestamente un servidor ha de reconocer que no ha visionado en ningún momento – se preocupó de esta cuestión del habeas corpus – .También duda clásica de Domingo de Resurrección la de los dos discípulos de Emaús: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba la escrituras?”.

Lo cierto y verdad es que desde este momento, como si de un reguero de pólvora se tratase, la “mascletá” de dudas ha sido ininterrumpida desde el más primero de los domingos. Sin afán ni pretensión de catalogo completo ahí van algunos ejemplos.

Duda como la que expone el escritor cristiano Lactancio en los siguientes términos: “O bien Dios quiere quitar los males y es incapaz de hacerlo, o puede hacerlo pero no quiere; o quizás ni quiere ni puede. Si quiere pero no puede, es impotente, lo cual no concuerda con su carácter. Si puede pero no quiere, es envidioso, algo que también está en desacuerdo con él. Si no quiere ni puede, es tanto impotente como envidioso, y por lo tanto no es Dios. Pero si quiere y puede, que es lo único que resulta apropiado para Él, ¿de dónde vienen entonces los males?, o ¿por qué no los quita” (De ira Dei, c. 13).

Duda como la que resuelve el filósofo Pascal a la Sra. de Roannez: “Y cuando, al fin, quiso cumplir su promesa a los Apóstoles de seguir entre los hombres hasta el último momento, eligió quedarse en el más extraño y oscuro secreto de todos, que son las especies de la Eucaristía. Es este sacramento al que san Juan llama, en el Apocalipsis, un maná oculto; y creo que así lo veía también Isaías, cuando profetizó: Verdaderamente, tú eres un Dios escondido. Es éste su último secreto. El velo de naturaleza que cubre a Dios ha sido penetrado por muchos infieles, quienes como indica san pablo, han reconocido al Dios invisible en la naturaleza visible. Los cristianos heréticos le han conocido a través de su humanidad y adoran a Jesucristo Dios y hombre. Pero reconocerle bajo las especies del pan es sólo privilegio de los católicos: sólo a nosotros Dios se nos ha revelado hasta este punto”.

Duda como la que sitúa el gran teólogo Von Balthasar en las últimas páginas de su Epílogo: “¿Cómo el hecho de que un varón fue crucificado en un rincón del imperio romano hace dos mil años y por amor a mí me debe motivar a cambiar de vida? ¿De emoción por este amor, que nadie me puede demostrar?” En palabras de Kafka: “Se me declara culpable y luego se me informa de que otro está por mí en la cárcel. Puedo creer simplemente ambas cosas”.

Hecho el muestro, parecería más bien que “el gato al agua” se lo han podido llevar personajes como Descartes y otros muchos. Sin embargo conviene acudir a aquellos que procuraron resolver la duda con verdadera involucración e implicación. Véase por ejemplo John Henry Newman, para el que “las decisiones importantes llevan su tiempo”. Dice: “-Así lo sentía yo al menos, y por eso, que me vinieran con métodos lógicos era una provocación que me volvía indiferente en el modo de enfrentarme a ellos y quizá me llevó a ser un poco ininteligible o trivial o a ceder porque no era capaz de hacerles frente; todo lo cual no era más que una manera de aliviar mi impaciencia” (Apologia).

En resumidas cuentas y también con Newman: “Diez mil dificultades no hacen una sola duda” (Apologia).