La Verónica


Según el Cossío el toreo a la verónica tiene su origen en la semejanza que hay entre cómo la Verónica adelantó los brazos y la tela para enjugar la sangre de Cristo, con el paño en que quedó impresa su faz, y la manera de presentar el torero la capa al toro, para embeber y abarcar la plenitud de su embestida. En lo taurino, se trataría de armónicos entre naturalidad y hondura, embroque y ligazón, técnica y estética. En lo que atañe a este rinconcito, se trataría de armónicos entre Evangelio y mundo contemporáneo, Evangelización y catequesis, Teología y dialogo con la cultura. Eso sí, persiguiendo en todo momento la belleza (no pasajera ni efímera) del encuentro con el rostro de Cristo y su imprimación en el corazón y la retina del hombre.

¡Busco tu rostro!

“Tu nombre nació de lo que tu vista fijo” (Juan Pablo II).

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