Va de una niñera


No me gusta mucho escribir sobre un tema del que han corrido ríos de tinta, pero es tan atractivo que no lo puedo dejar pasar.

La noticia sobre la niñera de Irene y Pablo no tiene desperdicio. Y es que esta pareja se está cubriendo de … gloria. Es un no parar, una tras otra sus decisiones dejan mucho que desear, pero también muestran mucho de lo que son.

Y no, no los considero del pueblo, como a ellos les gusta autonombrarse. ¿Qué pueblo puede mantener el ritmo de vida que ellos llevan? Ya nos gustaría poder hacerlo siquiera en un 50% de su capacidad.

Aquellos que se metían con los que vivían en casoplones, aquellos que iban a acribillar a impuestos a todos los que tuvieran una piscina, los que se metían con los políticos con escoltas y personal a su servicio, han caído en todos y cada uno de sus tópicos y en algunos más que eran impensables.

No voy a referirme a los que ya han sido hablados y debatidos hasta la saciedad, sino el que ocupa hoy las páginas de la prensa de todos los colores.

Y no es que no tengan derecho con tres hijos a tener una niñera que les ayude a compaginar su vida laboral con la familiar (ya nos gustaría a todos los trabajadores tener capacidad económica para poderla tener, ellos tienen más de una), sino al hecho de que hayan elegido para este cargo a una exdiputada de Podemos que es alto cargo del Ministerio de Igualdad, aunque se desconoce su preparación (estudios no tiene) para desempeñar el puesto, el que sea en un ministerio.

La pareja podemita utiliza a un alto cargo del ministerio que ella dirige para el cuidado de su hija menor cuando la lleva al trabajo o se desplaza por motivos políticos.

Dios los cría y ellos se juntan. Perdón, Dios no, no quiero ofenderlos. Será otro el que se ha encargado de reunir a tanta gente sin escrúpulos, gente que ocupa altos cargos pero que hasta el momento sólo han demostrado su incompetencia, tanto él en su gestión (o más bien, en su falta de gestión) al frente (creo que ni tan siquiera a la espalda) de las residencias de ancianos, como ella, en un ministerio que no sabemos muy bien de qué se ocupa, pero que destina grandes partidas presupuestarias a proyectos que no inciden en el desarrollo de la sociedad, sino más bien en inyectar gran cantidad de dinero en grupos minoritarios de dudosa efectividad.

Y hay tanta gente preparada que no cuenta con un puesto de trabajo en este nuestro bendito país, que al leer estas noticias se llenan de un abatimiento difícil de superar.

¿Para qué estudiar, para qué prepararse tanto y esforzarse en conseguir títulos y másteres y, y…, si luego el primero que llega y es “amigo de” tiene un cargo que ya quisiera el científico, médico, profesor o investigador más preparado haber podido soñar?

No se lo estamos poniendo fácil a los jóvenes que miran con asombros como el más tonto hace un reloj y le sobran piezas, y que, aunque no funciones, recibe el nombramiento de ministro, vicepresidente o hasta presidente de gobierno.

Mientras ellos, luchando y esforzándose por sacar sus estudios, por sacar nota en la selectividad para así poder optar a la vocación que desde niños les ha motivado a hacerlo, ven como al terminarlos han de abandonar su país para poder mantenerse dignamente en otro, en el que se les reconoce su formación y su valía profesional.

Un sin sentido, todo esto no tiene explicación. Difícil solución, que espero encuentre respuesta en las urnas y nos haga pensar detenidamente el voto que vayamos a dar

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