Cuestión económica o adoctrinamiento

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Colegio La Salle de Córdoba./Foto:LVC adoctrinamiento
Colegio La Salle de Córdoba./Foto:LVC

La función no ha hecho nada más que comenzar, y como siempre, empieza por lo que más debería protegerse, ampararse y mimarse en una sociedad, la educación.

Llevamos muchos años en que la educación ha sido moneda de cambio del gobierno de turno. Le ocurre igual que a la sanidad. Aquello que debía de no sólo protegerse y blindarse a los cambios, sino apoyarse y procurar que fuera la base sólida de cualquier política, vuelve a sufrir un fuerte revés con este gobierno. Y en todos los sentidos, económicos, de valores y en contenido.

La conocida ya como Ley Celaá comienza a brillar en todo su esplendor. Lo primero significativo que hace es tocar las clases de Religión para vaciarlas de valor, de horario y de contenido. No interesa. Y yo me pregunto ¿tanto miedo da la formación en valores siguiendo el evangelio que es lo primerito a lo que atacan los partidos de izquierdas en cuanto tienen ocasión? Porque ¿qué otro motivo puede tener para que centren la reforma en intentar terminar lo antes posible con la libertad de millones de padres que eligen para sus hijos este derecho de libre elección de enseñanza que recoge la Constitución? La propia ministra escogió este tipo de enseñanza para sus hijas.

Y pienso que a consecuencia de este miedo y de su enorme ignorancia viene el siguiente paso, hay que acabar con la escuela concertada.

Digo con el miedo y la ignorancia porque no puede achacarse a otra cosa la persecución a la que es sometida esta escuela por el actual gobierno. Tal ignorancia hace que identifiquen escuela concertada con escuela privada, como muy bien explicó la diputada de Coalición Canaria, Ana Oramas. Y que crean que todos los centros concertados tienen un ideario religioso. Y no, unos lo tienen, la minoría, y los demás no. Pero ellos no lo saben, lo ignoran e identifican también la concertada con aquellas escuelas donde se educan las clases más pudientes del país. Y vuelvo a recomendarle que se den una vueltecita y conozcan la realidad del país que están intentando gobernar, aunque de momento sin mucho éxito. Que vayan a los barrios donde estas escuelas están ubicadas y vean el tipo de alumnado que se atiende en ellas, a ver si de una vez por todas se dan cuenta de la realidad de lo que hay.

Pero no hay más ciego que el que no quiere ver, porque me niego a creer que todos estén en la ignorancia más supina. No puede haber tanto ignorante junto, creo. 

Se quedarán los centros concertados sin las inversiones oportunas para la protección de los alumnos, familias y profesores frente al Covid-19 que sí recibirá la escuela estatal, achacando el gobierno que los centros concertados se encargan de educar a las “élites” del país. 

¿Élites? Como señalaba la señora Oramas, los políticos debían de salir de sus sillones, de sus ministerios y conocer la realidad en la que vivimos los españoles. Ver y ser capaces de reconocer que los centros concertados, al igual que los públicos, prestan un enorme servicio a la sociedad española y no sólo en lo que se refiere a la educación y atención de necesidades del alumnado, sino en todo lo referente a la situación social que envuelve al centro.

Es mucho más fácil utilizar la demagogia en decir que las escuelas concertadas suponen una educación desigual a las públicas y que por ello tienen que desaparecer y al igual que la sanidad, todas han de convertirse en públicas.

Y aquí es donde creo yo que está el quid de la cuestión. Quieren terminar con todo aquello que no sea lo que ellos pueden controlar en su totalidad. Vamos camino de ir perdiendo derechos adquiridos con mucho esfuerzo y durante muchos años que han ido haciendo de España un gran país, hasta hace apenas unos meses en que vamos cuesta abajo y sin frenos en todos los sentidos, políticos, económicos, ideológicos, etc.

Existe una gran confusión en el ciudadano medio que está viendo cómo además de la pérdida de su puesto de trabajo (en un número elevadísimo) con todo lo que ello conlleva, se pone en peligro su posibilidad de elección de los centros educativos donde educar a sus hijos, y teme ese adiestramiento ideológico que estamos viendo presente en todas o casi todas las resoluciones que este gobierno a medias entre PSOE y Podemos quiere imponernos.

Creo que ha llegado la hora de gritar BASTA. Basta de intentar coartar nuestros derechos fundamentales. Basta de querer decir a los padres cómo educar a los hijos. Basta de las decisiones tomadas por personas que no están capacitadas para ello.

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