Casi idílico

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Pilar Fonseca.

Después del confinamiento por el Covid-19 y lo que ha supuesto en el campo educativo, señala la señora Celaá, ministra creo que Deseducación, por lo que pretende aprobar, que lo ideal sería poner aulas al aire libre, que aprovechemos el buen tiempo, que ocupemos el techado del patio y que impartamos las clases allí.

Y yo, ya me estoy viendo, de vuelta a la nueva normalidad (que de normal no tiene nada y  hasta la expresión es contradictoria), en el porche (en el que con suerte podremos poner a unos 20 alumnos guardando la distancia de seguridad), debajo de ese tejado que puede ponerse a más de 40º a media mañana, intentando que los alumnos estén pendientes de nosotros, ya que allí, ni pizarras, ni proyectores, ni siquiera tiza para poder explicar.

Idílica, la situación no puede verse de otra manera. Con suerte, a primera hora de la mañana podremos respirar, pero conforme vaya pasando el día comenzaremos a tener a los alumnos echados en las mesas sin poder soportar la flama y el calor horrible de nuestro ambiente.

Y esto durará no unos días, en los últimos años, llegamos a noviembre con esta temperatura que hace insufrible, al menos en Andalucía, estar en la calle antes de las 9 o 10 de la noche.

Y con independencia del tiempo, ¿esta señora habrá dado clase alguna vez en su vida? ¿Cómo pretenderá que durante las 5 o 6 horas de la jornada escolar según el nivel del que hablemos, podamos tener a los niños pendientes de una explicación en un patio de colegio? Prefiero pensar que no lo hace por mal hacer, sino por desconocimiento, porque si no, es para estudiar el caso con mucho detenimiento.

Pero bueno, vamos a esperar, que de aquí a septiembre da tiempo a cambiar veinte veces de versión y al final no sabremos si acudiremos físicamente al colegio, seguirán las clases telemáticas, las daremos en el patio, en el parque de enfrente o qué es lo que pasará.

Lo que sí sabemos ya, por desgracia, y a ciencia cierta es que el gobierno ha decidido cambiar la Ley de Educación, y como viene ocurriendo de manera habitual, no para mejor.

La fijación que tiene el partido Socialista y sus acompañantes con la Religión ha hecho que el primero de los cambios que contemple dicha ley sea el que esta asignatura pierde peso en el curriculum.

Creo que el objetivo que les mueve no es otro sino terminar en breve con ella. No interesan los valores del evangelio, son mucho más atrayentes los que intentan dirigir la vida de los ciudadanos tal y como el partido del gobierno señala.

La manipulación en muchos sentidos se observa aquí de una manera clara. La libertad de religión, de pensamiento, de expresión sólo se mantiene para lo que ellos creen, piensan e intentan inculcar a los alumnos, sin dar opción a otra alternativa. No quieren pensar en la enseñanza religiosa escolar como una solución educativa y no como un problema que es como ellos lo ven.

El estudio de la religión no es un privilegio, sino un derecho que sin duda alguna, suma en la formación de la persona y que se encuentra recogido en nuestra Constitución, esa que quieren modificar a troche y moche en prácticamente todo lo que tocan. Esa que juraron, perdón, prometieron, defender a la que no le tienen ni un ápice de voluntad, esa que quieren cambiar a toda costa.

Otra de las perlas de la nueva Ley de Educación, que no es sino reflejo de lo que estableció la Ley de 2006 del PSOE, es la eliminación de los itinerarios según las capacidades académicas de los alumnos. En resumen, lo que supone es la obtención de la titulación de manera más fácil para que todos los alumnos lo consigan, sea cual sea su formación. Es decir, ir regalando la promoción a otras etapas, que no es sino fomentar cada vez más la falta de formación en el alumnado.

De hecho, uno de los problemas del sistema educativo español actual es la alta tasa de repetidores, en un porcentaje muy superior al del resto de los países de la Unión Europea, y las medidas que prevé la nueva ley vienen a redundar en que los alumnos puedan pasar de curso con asignaturas pendientes y exigirles cada vez menos.

En fin, como siempre, la Ley de Educación se modifica sin consenso en virtud del partido político que esté en el gobierno y sin tener verdaderamente presente qué es lo mejor para el alumnado.

Y será un verano de intriga, de sorpresa, pensando en qué clases y cómo las daremos el curso que viene.

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