¿Preparados o necesitados?

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Pilar Fonseca.

Después de casi dos meses y medio de confinamiento, los españoles nos encontramos ante la nueva situación que estamos viviendo sin saber muy bien la manera de actuar. Y no solamente por lo novedoso del bichito, que lo hace desconocido todavía en su manera de transmitirse, o de eliminarse o los efectos que tiene; sino por la falta de claridad que las autoridades competentes (o, mejor dicho, incompetentes), han ido transmitiendo.

Las informaciones han sido equívocas desde el principio. Guantes y mascarillas para salir de casa (sólo en los supuestos permitidos en la fase 0 o 1), aunque no con mucho ahínco, ya que no había en el mercado ni guantes ni mascarillas, y las que se podían conseguir a un precio impagable. Ya sabemos lo que tuvo que sufrir el gobierno de la nación hasta poder conseguir algunos de estos productos, que se estimaban imprescindibles, pero para ellos inalcanzables en el mercado (al menos en el que iban a buscar).

Ante la necesidad de las mascarillas y su escasez, surgió el debate acerca de qué mascarillas eran las oportunas: quirúrgicas, higiénicas, FFP2, y yo qué sé más. En la espera de información veraz, la presidenta de la Comunidad de Madrid reparte entre su población las del último tipo, que permiten el no contagiar y que no te contagien, pero que algo malo han de tener cuando el Sr. Simón desaconseja su uso por ser “excesivamente buenas”. Ahora mismo es obligatorio el uso de mascarilla, pero ¿cuándo?

Cuando salgo a la calle pero creo que voy a tener gente a menos de dos metros de distancia, cuando estoy en un bar, en un sitio abierto, si hago deporte, si corro, si ando, en espacios al aire libre…No sabemos muy bien qué hacer.

Recomendaban quitarse los zapatos en la puerta o pasarlos por un producto desinfectante y no entrar en casa con ellos puestos. Ahora, entendidos dicen que la posibilidad de contagiar el covid-19 a través de la suela de los zapatos sería la de alguien al que le alcanzara un rayo dos veces el mismo día. Y así con todo lo que va surgiendo entorno a la situación. Pero lo más fuerte es que lo mismo que está ocurriendo en el campo sanitario, se está trasladando a todo lo demás. 

En lo económico se está produciendo un auténtico desbarajuste ¿Qué ocurre con la derogación la Ley de la Reforma Laboral, será íntegra, será parcial? ¿Qué va a ocurrir con los ERTES, cuentan pero no computan, computan pero no cuentan? El desconocimiento de las materias tratadas da lugar a unas soluciones poco prácticas y donde dije digo ahora digo diego. 

No, no hay claridad en las posturas de nuestros políticos. Me viene a la mente las sucesivas reiteraciones del Señor Sánchez de que “jamás pactaré con Bildu, se lo podré decir 5 o 20 veces, pero jamás pactaremos con Bildu”. ¿Con quién han pactado para conseguir la prórroga del estado de alarma último? Sí señores, con Bildu y eso que no tenía necesidad de este apoyo. Pero es que detrás hay mucho más que la prórroga del estado de alarma.

¿Estamos los españoles preparados para la desescalada tal y cual la están planteando desde el gobierno? La verdad es que es una respuesta muy difícil ya que no se está dando por igual en toda España, lo que sí que es cierto es que estamos necesitados. Necesitados de comenzar con esa “nueva normalidad” (expresión en sí misma contradictoria), de que el país comience a moverse, a generar puestos de trabajo y por consiguiente dinero, el que todos necesitamos para que nuestra vida se vaya desarrollando en las condiciones mínimas de bienestar que todos nos merecemos y que unos pocos quieren arrebatarnos en mor de un sillón o poltrona en el que se encuentran muy agustito.

Yo hoy desde aquí pediría coherencia entre lo que se dice y se hace, entre lo que se dijo y ahora se está haciendo. Y que por una vez los políticos pensaran en el bienestar de los ciudadanos y no en ellos mismos.

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