Río revuelto


Llevamos unos meses un tanto revueltos y no sólo en lo que a política se refiere. Hemos pasado un tiempo sin gobierno, con unas elecciones tras otras, y total, al final, para que todo siga igual …, o peor. Sí, está el río revuelto.

Pero creo yo que no todo es consecuencia de la política, es más, voy más allá. Lo de la política está como está, desde luego, nada bien, porque hace ya bastante tiempo en que los valores, la educación, los principios básicos que los padres inculcaban, brillan por su ausencia.

Observamos cómo hoy se entiende como discriminación el que un hombre ceda el paso a una mujer, o le deje el asiento en el autobús. Somos iguales, y nadie tiene por qué tratar de manera diferente a la mujer por el hecho de serlo. Pero claro, no ocurre lo mismo en todos los campos. Se proclama la necesidad de la paridad en las empresas, en las instituciones, etc., pero luego llega al gobierno un determinado sector que considera paridad el que su ministerio, curiosamente el llamado de Igualdad, esté formado sólo por mujeres. ¡¡¡¡¡Y no queremos consideraciones diferentes!!!!!

Cada vez es más elevado el número de hijos que no tratan a sus padres con respeto, ni de pequeños, ni de adolescentes, ni después cuando han formado su propia familia y olvidan a aquellos que un día dieron su vida por ellos.

En el Congreso de los Diputados, donde están los representantes que todos los ciudadanos hemos elegido para que sean nuestra voz, se insultan, se faltan y se enfrenan públicamente sin observar las reglas mínimas de educación o decoro, utilizando expresiones y palabras malsonantes y agresivas. Cómo explicar a los jóvenes que se están formando que esto no es así, que no todo vale. Que el respeto debe primar siempre y por siempre, y que cuando se pasa un límite, luego es prácticamente imposible volver atrás.   

 ¿Cómo justificar la actuación de un político que delante de todo el mundo ha negado la mano a la Princesa Leonor por muy antimonárquico que se proclame y luego se le llene la boca al decir que representa un partido abierto y liberal? Qué fuerza tenemos los mayores luego para poderles exigir un comportamiento respetuoso para los demás cuando no hay justificación alguna ante semejante actitud.

Y esto al más alto nivel. Si vamos bajando, lo que nos encontramos es capaz de poner el vello de punta a cualquiera.

¿Qué está pasando hoy en nuestra sociedad que no hay respeto ni por personas, ni por instituciones, ni por nada?

La verdad es que el problema no es baladí. Los educadores nos las tenemos que ingeniar para intentar encontrar algún que otro argumento que podamos utilizar y así salir al paso de las preguntas incisivas que nos hacen los alumnos cuando intentamos explicarles la importancia de esos valores que no encontramos en las actuaciones públicas de los que nos representan y que están al frente de nuestro país.

Esto, unido a la situación en que se encuentra la enseñanza en la actualidad, hacen de la labor educativa una verdadera “misión imposible”.  Además, si los hijos no son nuestros, y son ellos los que van a educarlos, qué futuro les espera a las generaciones venideras. ¡¡¡¡Miedo me da el pensar qué les esperará a mis nietos!!!!

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