Atención: “Acoso”


Nada más leer el título un escalofrío recorrerá, casi con toda seguridad, nuestra espalda y nos pondrá en situación de alerta.

¿Es posible que en pleno siglo XXI, con los adelantos que vive la sociedad, se siga produciendo, es más, siga aumentando cada día esta situación de acoso? Muchas son las circunstancias, las situaciones y las formas de persecución y maltrato que se pueden producir. Psicológico, verbal o físico. Hoy hablaremos del acoso escolar, mayoritariamente reconocido como bullying. Esa violencia y humillación que se produce entre compañeros del mismo colegio.

En los últimos días un nuevo caso de violencia escolar nos ha sido presentado en las pantallas de televisión. Una niña de apenas 8 años ha sido brutalmente agredida por un grupo de alumnos del mismo colegio en el que ella estudiaba por la simple razón de haberles cogido el balón con el que jugaban en el patio del recreo.

Aunque no se puede incluir en la definición de acoso escolar, pues ha sido sólo una agresión que se ha producido de manera aislada y no de forma reiterada, nos podemos preguntar ¿cómo es posible que se trate de justificar dicha actuación por algún sector de la sociedad?¿qué estamos haciendo con la educación de nuestros hijos o alumnos?

Se conoce la poderosa arma que es la educación y cómo se ha de utilizar para que sea efectiva, pero entonces es obvio que en algo se está fallando. ¿Qué lleva a una persona a hostigar, molestar o perseguir a otra a edades tan tempranas como en las que se está produciendo esta conducta? ¿qué lleva a alguien a humillar, vejar y tratar de hundir a un compañero?

Alumnos  por los que pondríamos las manos en el fuego, que tienen una conducta intachable, un carácter encantador, de pronto se dejan caer con conductas agresivas y humillantes hacia un compañero determinado, reacciones ante una situación que aseguraríamos que serían imposibles que se produjeran, tienen lugar. Y no una vez, sino todas las que tengan cabida en la mente del acosador y sus secuaces. Porque él no va solo, necesita la fuerza que le transmiten sus acompañantes (muy valientes todos) para demostrar a la víctima su poder.

El acoso suele afectar a todos: a quienes son acosados, a quienes acosan, a quienes son testigos del acoso, a los familiares, a la comunidad educativa, al entorno y tiene muchas consecuencias negativas, siendo una de ellas, quizás la más importante,  el suicidio.

Y ahí hemos de estar pendientes padres y educadores para que esto no se nos escape, para que no pase delante nuestra sin percibirlo, para que si llegan a producirse estas actuaciones alguna vez, no haya ocasión de repetición. Y existen numerosas señales de alerta que pueden indicar que alguien se encuentra involucrado en esta situación, ya sea como acosador o como acosado. Reconocer las señales de alerta es un primer paso importante para actuar contra el acoso escolar, ya que no todos los niños que son acosados o acosan a otros piden ayuda.

Los niños aprenden del ejemplo de los adultos y estos, al tratar a otros con amabilidad y respeto, demuestran a los niños que no hay lugar para el acoso. Aún cuando parece que no prestan atención, los niños escuchan como los adultos manejan el estrés y los conflictos y cómo tratan a sus amigos, colegas y familiares, cómo intentan resolver los problemas de la manera menos violenta posible. En definitiva, la educación. No solamente como contenido teórico o trasmisión de conocimientos,  sino dando testimonio de lo que se predica, de lo que se dice, de lo que está bien o mal.

Seamos los adultos lo suficientemente capaces de transmitir los principios fundamentales para que los niños, adolescentes y jóvenes que formarán el futuro de la sociedad tengan bien claro que el humillar, pisotear y burlarse de los demás no llevará sino a la destrucción de la persona y por ende de la propia sociedad. Ya es hora de que los padres, profesores, educadores, políticos y responsables planteen seriamente qué es lo que estamos haciendo mal. Es obvio que la conducta de los menores en un porcentaje altísimo se va nutriendo de lo que ven, oyen y asumen de los adultos y hemos de preguntarnos qué estamos haciendo, qué podemos hacer para evitar que estas conductas sigan presentándose. Antes de tener que poner castigos ejemplarizantes a todos y cada uno de los participantes en semejantes acciones, eduquemos en el amor, comprensión, empatía y sobretodo en libertad para tener una sociedad sana y basada en fuertes valores.

 

 

 

 

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