Domingo XVIII del Tiempo Ordinario


Vanidad es estar siempre queriendo arañar un poco más de dinero, un poco más de tierras, un poco más de prestigio a costa de lo que sea

Pobre./Foto: LVC domingo
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Pobre./Foto: LVC
Pobre./Foto: LVC

Domingo este que nos regala el Señor para agradecerle el don de la vida, de la fe y de unos brazos para trabajar y ganarnos el pan de cada día. Es precisamente el asunto del que quieren tratar las lecturas y el evangelio de este día: los bienes materiales, tan necesarios para nuestro vivir cotidiano y tan problemáticos cuando les damos el primer lugar de nuestras prioridades. “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”, nos ha dicho el libro de Qoelet de la primera lectura.

Vanidad es trabajar para tener más de lo preciso y perder nuestras familias, la alegría, la salud o a los amigos, solo para que venga la muerte, nos echen a una caja sin nada de eso ganado y nos presentemos encima de manos vacías ante el Señor.

Vanidad es estar siempre queriendo arañar un poco más de dinero, un poco más de tierras, un poco más de prestigio a costa de lo que sea, incluso pasando por encima de los demás. No hace falta que nombre los altercados de las herencias familiares que nos vuelven rivales y enemigos los que antes eran una piña. Cuántos padres hubieran querido no morir con tal de no ver a sus hijos enemistados por una poca o mucha calderilla ¿Acaso depende nuestra vida de esos bienes? Definitivamente no, nos dice Cristo en el evangelio de hoy; porque si esta noche te piden la vida, no vas a disfrutar de eso trabajado sino que lo hará otro que no lo ha trabajado. A sabiduría no gana nadie el Señor, desde luego, porque sabe perfectamente las tentaciones que acechan el corazón del hombre.

Se me viene a la cabeza el ejemplo de las hermanas de la Cruz o las carmelitas descalzas, que se hacen pobres con los pobres, siendo mucho en el mundo, con sus buenas carreras, familias e incluso títulos nobiliarios. Eso es el Evangelio: hacerse pobre material para ser rico ante Dios, con limosnas, sacrificios, sirviendo al que no cuenta para este mundo y siendo vistas en todo momento por el Señor que todo lo ve y que todo lo bueno premia. Ejemplos tenemos para seguir; imitémoslos y ganaremos un tesoro en el cielo.

Que el día que nos llamen de este mundo a la presencia de Dios, nos encontremos con los bolsillos y la cuenta vacíos en beneficio de los pobres, así ahorraremos muchos disgustos a nuestros familiares que no tendrán que pelear por el filete y nos pagarán cada euro repartido generosamente con una buena parcela en el lugar donde la felicidad es completa y para siempre.

Feliz domingo. Feliz día del Señor.