Domingo XVI del tiempo ordinario


Tengamos el ímpetu de Marta y las ganas de estar con el Señor de María y seremos unos cristianos trabajadores

Domingo XIV del tiempo ordinario
Domingo XIV del tiempo ordinario.
Domingo XIV del tiempo ordinario
Domingo XIV del tiempo ordinario.

“Este mundo en que el hombre se afana”, reza un salto de la biblia, terminará algún día y según los acontecimientos que vamos viendo y viviendo, parece inminente su desenlace, cosa que a los creyentes no nos asusta, porque ese día volverá el Señor en toda su Gloria para recogernos y llenarnos con Él, libres de penas y sufrimientos.

Pero mientras tanto, nos afanamos por levantar, construir, reparar, sanar, mantener y mantenernos, ayudar, compartir, y todo verbo que conlleve algo de actividad física o mental. A lo que el Señor viene este domingo a decirnos a razón de este evangelio que acabamos de proclamar, que está muy bien todo esto y que tenemos que hacerlo, pero que hay otra forma más plena de vivir esta existencia: la oración.

Bien decía aquel santo, que “un cristiano vale lo que vale su oración”. Y así es, “un cristiano que no reza no necesita demonio que lo tiente”, advertía Santa Teresa de Jesús, porque rezar es hablar con Dios y Dios es el sentido de nuestra vida y nuestra muerte, de nuestros regalos y sinsabores, es nuestro Amigo y ya está. Y, de la misma manera que nos encanta estar con nuestros amigos charlando, compartiendo y riendo, así deberíamos hacerlo con Cristo, como lo hace María, la hermana de Lázaro en este evangelio de hoy; ella, se queda junto al Señor empapándose de sus palabras, de su enseñanza, de su persona y compañía, mientras su hermana Marta está como una moto preparando todo para que la mesa esté perfecta y la sala agradable para tan Gran visita.

La una trabaja y la otra reza. ¿Cuál es la mejor actitud para nuestra vida? La solución la aporta el Señor cuando Marta se le queja, echando en cara a su hermana que no le está ayudando con el servicio:”Marta, Marta, andas estresada con muchas cosas y una sola es necesaria; María se ha quedado con la mejor parte y nadie se la quitará”. Cierto es que no podemos estar todo el día rezando, pero más cierto es que no podemos estar todo el día sin rezar, porque se va secando la semilla de la fe y la esperanza del cielo.

San Benito construyó aquella frase perfecta en la que caben las dos cosas:”ññ «ora et labora”, reza y trabaja, pero si estamos algo atentos lo primero que dice es “ora”, comienza por rezar, busca tu rato de sagrario, de rosario, de vísperas, de adoración ante el Santísimo, de lectura y meditación del evangelio y luego trabaja como una persona responsable e incansable y ya verás como la balanza se equilibra.

En fin, tengamos el ímpetu de Marta y las ganas de estar con el Señor de María y seremos unos cristianos trabajadores orantes que haremos todo el bien que aquí no veremos, sino que nos lo dirá Cristo el día que nos llame junto a Él y nos ponga la “película de nuestra vida”. ¡Ánimo con esa oración que se trata de empezar y perseverar!