La Ascensión del Señor al cielo


“Lo vieron marcharse entre las nubes”

Queridos hermanos:

Tras 40 días de apariciones del Señor a sus apóstoles, Madre y discípulos, dejando instrucciones concretas de vida hasta su vuelta, sube al cielo volviendo a casa de donde salió para cumplir la misión encomendada por el Padre: redimir, salvar lo que estaba perdido, aliviar los sufrimientos y librarnos del pecado y la muerte eterna.

“Lo vieron marcharse entre las nubes” y observaron cómo aquel cuerpo humano, que tomó del seno de la Virgen y estuvo colgado de la Cruz, ahora es llevado al cielo y queda establecido como sagrado eso que antes era considerado como algo inútil tras la muerte: el cuerpo de carne. Por ello, es por lo que cuidamos nuestro cuerpo y lo alimentamos, no lo maltratamos ni lo desechamos al morir, sino que lo enterramos con respeto y en lugar sagrado, aquellos que somos creyentes. El cuerpo y el alma son una unión santa y sagrada que volverá a ser posible el día de la resurrección de los muertos; es la señal de que el Señor no nos ha enseñado solo la teoría sino que lo ha vivido en su propio ser para enseñarnos el camino.

Curiosamente en el evangelio de hoy, los apóstoles no se quedan tristes cuando el Señor se va, sino que “llenos de alegría” vuelven a sus quehaceres: seguir anunciando este evangelio de vida, esperando el Espíritu Santo prometido por Cristo, lo cual será efectivo el domingo próximo. Y es que estaban entendiendo que el camino del Señor, la Cabeza de la Iglesia, era el mismo que les tocaría a ellos, miembros del cuerpo de Cristo. Así es, cabeza y cuerpo separados, sería la muerte de cualquier ser vivo; por ello, Dios y nosotros sus hijos, su cuerpo, sus elegidos estaremos siempre unidos aquí, a través de los sacramentos y allí, por la plena visión y disfrute del banquete eterno.

Si disfrutamos tanto en un banquete con nuestros amigos y familia, ¿qué será estar eternamente alegrándonos de haber tomado en esta vida las decisiones acertadas, poniéndonos siempre de parte del Señor y obedeciendo sus mandatos, aún con nuestros pecados y miserias que borra el sacramento de la confesión.

¡Ánimo! Esta vida no es la única y definitiva; los problemas y enfermedades tienen fecha de caducidad, los pecados tienen Enemigo que los ha vencido y nuestra alma y cuerpo, la esperanza viva de saber que Dios no se ha ido sino que ha marchado solo a abrirnos camino, para que tengamos fácil acceso al cielo y a su Corazón bueno.

Feliz Domingo de la Ascensión.