Domingo III de Pascua


”¿Me amas?” Pedro respondió que sí y llevó esa afirmación hasta el último respiro

Amigos todos:

Inmersos en el tiempo más alegre y solemne del año cristiano, la Pascua, nos encontramos este domingo con una celebración en la que las lecturas nos hablan de amor y de obediencia: amor al Señor Resucitado y obediencia a Dios, antes que a los hombres.

En la era de lo “políticamente correcto”, los cristianos seguimos estando mal vistos por decir, hablar y atrevernos a obrar, según lo que el Señor nos dicta. Y es que, entre elegir la última moda absurda que se nos “impone” por estos tiempos y la Buena Noticia De Dios, es obvio que tenemos que elegir la segunda por ser mucho más limpia, más estable, más auténtica y que da más felicidad que lo voluble e interesado de las corrientes mal llamadas modernas.

La primera lectura nos habla “del Espíritu Santo que Dios da a los que le obedecen” y es que quizá pretendemos tener al Señor de nuestra parte a la vez que vivimos un nuevo paganismo de obras y palabras; o sea, al tener las dos velas encendidas a Dios y al demonio, no queramos tener la limpieza del agua eterna que brota del Corazón de Cristo. Hemos de cambiar a mejor, de dejar cosas y actitudes para poner toda la carne en el asador de Dios y así poder recibir su Cuerpo y Sangre resucitados en el ara del sacrificio eucarístico.

Hoy, en la persona de Pedro, también nosotros escuchamos de boca de Cristo esa pregunta que nos traspasa el alma, puesto que hemos pecado como el apóstol, si cabe, más que él:”¿Me amas?”. Porque Pedro respondió que sí y llevó esa afirmación hasta el último respiro. Así hemos de llevarlo nosotros a gala cada día de nuestra existencia terrena, para que sigamos viviendo después de esta vida y no en cualquier sitio, sino en el Cielo, junto a Dios, gozando con alegría eterna.

Digamos que sí siempre y en toda circunstancia que no vamos solos ni el Señor está ciego ni sordo.

Feliz Domingo. Feliz día del Señor.