IV Domingo de Adviento


”¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?"

Queridos amigos:

Qué devoción da escuchar las lecturas de este domingo cuarto y último de preparación para las fiestas de las Pascuas del Señor, cómo el Señor es capaz de hacer grande lo pequeño e importante lo que era insignificante a los ojos del mundo. Así se refleja en la primera lectura del profeta Miqueas en la que aparece Belén, no como una tierra casi desierta y mal vista por las gentes de los alrededores, sino la cuna del “jefe de Israel” y “este será nuestra paz”.

Por eso, se alegra el corazón creyente, sabiendo y confiando que, Aquel que cumple todas sus promesas, ve como nadie los pequeños gestos de generosidad que hemos realizado durante este año que va expirando y, especialmente, en estos días del Adviento: la oración que nadie ve ni escucha, la limosna que nadie sabe ni debe saber, el perdón dispensado al que me ha hecho el mal, los sacrificios ofrecidos en secreto al Señor para “pagarle” sin méritos propios lo tanto que ha hecho por nosotros. En fin, lo pequeño es grande a los ojos de Dios y lo saben ver solamente los ojos de la fe, que nos asegura que El se queda en la vida de quien le abre la puerta de par en par, sea quien sea.

En el Evangelio hemos contemplado una escena que a los ojos incrédulos pasaría desapercibida, pero el diálogo entre la tía y la sobrina y el reconocimiento del pequeño Juan a la llegada del Mesías, aún en el vientre materno nos hace palpar lo sobrenatural, lo divino, lo puro, lo pequeño y grande a la vez. Me quedo con las palabras que Isabel dirige a su querida sobrina Myriam:”¿quien soy yo para que me visite la madre de mi Señor?” Y es que uno se siente tan chico ante la grandeza de Dios pero a la vez tan cerca por su humanidad, que parece una locura. Una locura que el loco mas loco de la historia no hubiera sido capaz de inventar. Ya lo ha hecho Dios y lo ha cumplido; seguirá cumpliendo todas las demás promesas realizadas como Isabel remata el relato: ”dichosa tú, porque lo que te ha dicho el Señor, se cumplirá”.

Profecía tras profecía, promesa tras promesa, ha llegado el cristianismo al siglo XXI y traigo aquí unas palabras de Benedicto XVI que dan aliento a todos los que todavía no nos avergonzamos de pregonarlo:”doy gracias a Dios por todos los creyentes del hoy, porque sigue resonando en toda la creación que Dios se ha hecho hombre y habita entre nosotros, por vuestro testimonio vivo”.

Quedan unos días para la Navidad. Aprovechemos cada uno de ellos para avivar la fe y trasmitirla sin miedo, que hay mucha gente que necesita escucharlo.

Feliz día del Señor.