Domingo de la alegría


Así los expresan las lecturas de hoy, en las que se nos invita a estar alegres por las cosas tantas que Dios ha obrado en nosotros

Amigos:

Día tras día y vela tras vela, llegamos al tercer domingo del Adviento, llamado de “Gaudete” o de la alegría, por la cercanía del Señor a nuestra vida en todo momento y, especialmente, en esta nueva Navidad que nos regala, en que volvemos a sentirle a nuestro lado en la forma humana de un niño pequeño y frágil. ¿Alguien puede temer a un bebé? Todo lo contrario; nos trasmite alegría, ternura, deseos de abrazarlo y besarlo como al ser indefenso que es. Así quiere Dios que lo veamos y acojamos de nuevo, porque a fuerza de pecado y problemas, el corazón humano corre el riesgo de endurecerse con los demás e, incluso, con el mismo Dios.

Así los expresan las lecturas de hoy, en las que se nos invita a estar alegres por las cosas tantas que Dios ha obrado en nosotros y a través nuestra. Sería una ceguera incurable, que no viéramos la mano blanda del Señor en muchos acontecimientos de nuestra vida; unos alegres, otros dolorosos, otros de misterio ante el futuro o el presente.

Por eso, “estad alegres”, porque nuestra alegría no consiste en comprar como si no hubiera mañana, comer y beber hasta pasarnos de rosca, regalarnos como si no hubiera más año o sonreír sin ganas como si fuéramos unos “idos”. Nuestra alegría es tener la certeza de que Dios está vivo y me llama por mi nombre para formar parte de su Iglesia, haciendo el bien a conocidos y extraños, hacer un hogar acogedor al que nos visita y llevar una vida honrada y religiosa, que contagia a otros como un virus beneficioso, lo cual hace que la sonrisa se dibuje en nuestros rostros, casi sin darnos cuenta.

Claro que tenemos problemas, ausencias de personas queridas, incomprensiones, faltas de cosas materiales, o no nos salen los planes según lo planteado. Pero eso no puede condicionar nuestra vivencia de la fe, ni nuestra amistad con el Señor, encuentro que ha sido la dicha más grande de nuestra vida. Por eso estuvimos, estamos y estaremos aún más alegres: porque Dios se ha hecho carne y se ha quedado vivo en el sagrario para mí.

Recemos más, confesemos más, demos más limosna, tendamos más la mano al necesitado, acudamos más a misa y la alegría que rebosa del corazón, saldrá a relucir en nuestra cara. ¡Ánimo!

Feliz domingo de la alegría.