Cristo Rey


“Soy Rey”, le acaba de explicar Jesucristo en este evangelio de Juan, al ser preguntado por el tirano

Hermanos todos:

Con esta solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, clausuramos el año litúrgico, puesto que el domingo que viene, damos comienzo al Adviento y preparación de la Navidad con el que inauguramos el misterio de nuestra salvación.

Al igual que en la historia, Cristo es el Alfa y la Omega, el principio y el final, Él tiene que venir de nuevo al mundo(Parusía o segunda venida), pero no ya en carne mortal o hecho un niño indefenso sino como el vencedor y juez de toda la humanidad, “cuyo reino no tendrá fin”, como vaticina la primera lectura del profeta Daniel y como rezamos en el Credo, cada día de solemnidad.

Cristo reina y, con Él, todos los que le han seguido y también aquellos que sin conocerlo antes de su venida, fueron justos a los ojos de Dios y han conseguido la corona de gloria que no se marchita. Muchos contemporáneos nuestros viven como si la muerte se lo llevara todo e intentan apurar los mal llamados placeres que esta vida ofrece, experimentando más tristeza si cabe, puesto que solo ven las cosas de la tierra y no han sabido o querido mirar al cielo, donde el Señor sigue confortando y animando a su Iglesia y a todo hombre de buena voluntad que lo busca.

De ahí el testimonio de los mártires, valiente, decidido, sin rodeos, sin medias tintas. Ellos sabían que al otro lado del disparo, la horca o el fuego, tenían al Señor del que se habían enamorado de veras, esperándolos con los brazos abiertos. Si no hubiera sido así, menuda memez dar la vida por alguien que no merece la pena. Y es que en otra parte de la Escritura San Pablo nos dice: “si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra Fe y somos los hombres más desgraciados”.

Con su desgracia se quedó Poncio Pilato que, teniendo ante sus ojos al mismo Creador de cielos y tierra, no supo reconocerlo. “Soy Rey”, le acaba de explicar Jesucristo en este evangelio de Juan, al ser preguntado por el tirano; ”mi reino no es de este mundo”, continúa anunciándole el Señor ,convicción que nosotros deberíamos mostrar a quien nos interrogue o nos acuse por nuestra Fe. Como dice la segunda lectura del Apocalipsis, Cristo nos ha constituido un reino de sacerdotes y reyes, como Él mismo es, si participamos de su misma suerte, de sus mismas batallas, de sus mismos sufrimientos y de su imitación continua en este mundo que se pudre a cada momento en argumentos que están en contra directamente con el Evangelio.

¿Difícil? Por supuesto. ¿Imposible? Nunca. Son millones de creyentes los que nos han enseñado el camino que lleva a la vida verdadera; solo basta seguir sus huellas y confiar mucho en el Corazón de este Rey que no abandona nunca a sus soldados en el campo de batalla.

Por ello, hoy, mañana y el día de nuestra muerte, que nos sigamos enamorando más y más de Él y podamos gritar en nuestro pecho y con los labios como hicieron los mártires: ¡Viva Cristo Rey!

Feliz Domingo de Cristo Rey. Feliz día del Señor.