Domingo XXX del tiempo ordinario


Hay un solo camino que lleva al Cielo, que es Cristo.

Amigos y hermanos:

“Yo seré un padre para Israel”, afirma Dios a través del profeta Jeremías en la primera lectura de este domingo, en el que celebramos la Jornada Mundial de las Misiones.

Ser padre no es nada fácil, ni en lo espiritual ni en lo humano, puesto que un padre guarda, protege, sacrifica, entrega, pero a la misma vez corrige, regaña y también castiga sin salir o sin móvil, por poner un ejemplo. El Padre no es alguien estático, ideal, inexistente, sino que es alguien real, vivo y activo en su misión. Tanto los padres biológicos, como los espirituales (nuestros curas), como el mismo Dios, quieren nuestro bien y que saquemos lo mejor de nosotros mismos, por lo que seríamos unos ilusos si pensáramos que suspendiendo todas nos premiarían, haciendo el mal nos reirían la gracia o si desobedecemos nos van a llevar de viaje. ¡Pues todavía hay quien piensa que el Señor es ese dios tonto, irreal, ilusorio, fantasioso que, haga yo lo que me apetezca, me va a bendecir y llevar al cielo! Frena iluso, que te vas a quedar sin ser feliz ni aquí ni allí.

Bueno es Dios, por supuesto, a Misericordia no le gana nadie y es el único capaz de redimir al hombre y darle sentido a la existencia terrena y a la pelea por ser mejor hasta llegar al cielo. Así lo predicó cada día san Juan Pablo II y así lo vivieron todos y cada uno de los Santos.

Esto que dice san Juan en su Evangelio: ”Dios es amor”, lo vivió el ciego Bartimeo en este evangelio que acabamos de escuchar en la misa. Pero cuidado, lo experimenta porque siente el deseo de que Cristo se le acerque, no sólo por recuperar la visión material, porque él no sabría si le devolvería realmente la vista o no. Él creía que por allí pasaba el Mesías y lo llamó hasta que le escuchó. Examínenos la escena rápidamente:
-está al borde del camino, o sea, fuera de los mandamientos y la vida recta.
-no ve físicamente, pero desea la visión de Dios.
-cuando le dicen que se calle, grita más fuerte para que el Señor le escuche.
-cuando lo llama, brinca estando ciego y soltando el manto que es su único abrigo, su seguridad.
-cuando queda libre de su ceguera, no se vuelve a casa sino que lo sigue por el camino, ahora sí, el camino recto.

Concluyendo, hay un solo camino que lleva al Cielo, que es Cristo, por lo tanto nuestro pecado cometido libre y voluntariamente nos mantiene fuera del camino, aunque tengamos Fe. Si pedimos en la oración constantemente que podamos ver a Dios y su voluntad para nosotros, aunque el mundo, las modas raras, el pecado o Satanás nos digan que nos callemos, finalmente el Señor se acercará y nos dará la visión de las cosas de Dios que tanto necesitamos. Y entendiendo, le seguiremos adonde quiera que nos lleve, anunciando aquello que hemos visto y oído.
Porque no hay peor ciego, que el que no quiere ver.

¡Ánimo! Grita y pide la visión y el entendimiento de la Fe para ti y los tuyos.

Feliz Domingo. Feliz día del Señor