Domingo XXVI del Tiempo Ordinario


Detrás está el Corazón De Dios que todo lo ve, todo lo escruta y todo lo sondea, porque quiere examinarnos para el Cielo.

Queridos todos:

“Ojalá todo el pueblo De Dios recibiera el Espíritu del Señor y profetizara”, espeta Moisés en la primera lectura de los Números a quien le advierte que hay gente que “no era de los suyos” y estaba hablando en profecías; al igual que Cristo le corrige algo parecido a Juan, su mejor amigo, que “quien no está en contra nuestra, está a nuestro favor”.

Que verdad resuma toda la Santa Escritura y cuánto hemos de beberla los que nos llamamos creyentes, para que se nos bajen los humos, se nos quite la ceguera de la vista y veamos almas, donde antes veíamos demonios, hijos De Dios, donde antes veíamos enemigos.

En fin, que la Escritura nos inspira a nosotros para aprender a vivir como Cristo, no hacer que la Palabra De Dios sea verdad cuando yo la vivo y mentira, cuando me la salto a la torera. No es justo, porque detrás está el Corazón De Dios que todo lo ve, todo lo escruta y todo lo sondea, porque quiere examinarnos para el Cielo. A lo que nos advierte al final del evangelio que hay otro lugar donde el gusano no muere y el fuego no se apaga y estoy seguro a que no se está refiriendo al simple nicho o a una panadería.

Manos a la obra hermanos que queda mucho por hacer, mucho por enseñar, mucho por corregir, mucho por adelantar camino hacia Cristo, mucho en definitiva, por profetizar, o sea, hablar en nombre De Dios, sabiendo que somos miseria y pecado tras pecado nosotros.

¡Animo! Que se puede. Feliz Domingo. Feliz día del Señor.