Domingo XXIII del tiempo Ordinario


Hoy nosotros afirmamos que Cristo es el que tiene el verdadero poder para levantar y curar

Muy queridos amigos todos:

Tras haber tenido la oportunidad de haber descansado unos días, quizá habernos encontrado con familia y amigos a los que no veíamos desde hace mucho por esta pandemia, haber aprovechado para rezar tranquilamente y haber disfrutado la Eucaristía sin prisas, nos vamos incorporando a este nuevo curso pastoral que comienza, cargados de ilusiones, proyectos, aunque nos acompañen también cruces y sinsabores.

Hoy, leemos en la profecía de Isaías que nuestro Dios vendrá en persona y nos salvará, acompañado de señales extraordinarias que solo El puede realizar: “los mudos hablarán y los tullidos saltarán”. Es una señal inequívoca del poder del Mesías Salvador anunciado desde muy antiguo; es Cristo, el mismo que en el Evangelio cura no solo los males corporales realmente, sino que sana las almas malheridas y las vidas rotas por tantos males que afectan a la frágil humanidad.

Hoy, que tantos bautizados creen más en curanderos y adivinos, que en milagros y profecías, hoy nosotros afirmamos que Cristo es el que tiene el verdadero poder para levantar y curar, para vendar y hacer prosperar nuestras existencias, encaminándolas a la Patria Celeste. Y los milagros del Señor no son meros cuentos con moraleja, sino que fueron reales y hoy también lo son, porque todos hemos sido testigos de alguno en nosotros o en los que nos rodean. Pobre Corazón de Cristo, cuando tuvo que decir en otra ocasión, dolorido por la incredulidad de los suyos, ”Si no me creéis a mi, creed las obras que hago”. Y esas obras fueron testificadas por muchos allí presentes.

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Que hoy, nosotros también podamos decir a pleno pulmón: “Todo lo ha hecho bien”, aunque nosotros lo hagamos tantas veces del revés y malamente por nuestro pecado.

Feliz Domingo. Feliz día del Señor