Domingo XVI del Tiempo Ordinario


”Venid vosotros solos a un sitio tranquilo, a descansar un poco”

Hermanos:

“Les pondré pastores (a mis ovejas), que las pastoreen”, dice el Señor por boca de Jeremías en la primera lectura de hoy, tras abroncar a los malos rabadanes que dispersan, olvidan o dejan morir el rebaño De Dios. Termina la lectura hablando de ese vástago de David que reinará sobre el pueblo y lo apacentará debidamente, contemplando en ello, una de las profecías del futuro Mesías esperado: Jesucristo, Nuestro Señor.

Así lo afirma el salmo de hoy al exclamar que el Señor es mi pastor y nada me puede faltar, porque soy propiedad suya, oveja de su rebaño, hijo de su Corazón. Es Cristo el Señor a quien seguimos y servimos los cristianos, no a hombres mortales sin más; pero es este Señor quien, en su amor más sincero, suscita pastores para nuestras almas, como son los sacerdotes.

Estoy convencido que Cristo nos elige con la mayor de las predilecciones y la gratuidad más gratuita, porque nadie merece este honor, que a la vez, es servicio; aunque también nos pedirá cuentas reales del ejercicio de nuestro trabajo hecho con el cuidado merecido y con el corazón puesto en todo ello. Es un misterio, la verdad, hasta para los que somos curas; elegidos y enviados a llevar a Cristo a todos los que quieran escucharlo y tenerlo como prioridad de sus vidas y a la vez, pecadores necesitados de otros sacerdotes para nuestra santificación.

Cuantas gracias tenemos que dar al cielo por tener a nuestra disposición, siempre cerca a uno, dos, muchos sacerdotes dispuestos a confesarnos cuando lo pedimos, a celebrarnos la eucaristía o llevarla a nuestra casa o al hospital, a escucharnos cuando estamos de bajón o llenos de dudas y cruces. Pero hombres débiles y que sufren también la incomprensión, cuando actúan con la mejor intención, apaleados verbalmente en su servicio, cuando menos lo esperan, despreciados sin conocerlos por llevar simplemente un cleriman al cuello, dejándose el corazón a jirones a cada despedida que han de hacer de sus parroquias donde han trabajado sin descanso, vilipendiados por los medios de comunicación, venga o no al caso y un largo etc. que no quiero seguir, porque todos somos testigos.

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Es por ello, que el Señor, en su gran Corazón reserva un lugar especial para ellos y nos dice, como les dijo a los apóstoles en el evangelio de hoy: ”Venid vosotros solos a un sitio tranquilo, a descansar un poco”. No se refiere el Señor exclusivamente al cuidado del descanso, del que hemos visto desprovisto a muchos de nuestros curas, sino al descanso del alma, de la mente, del corazón humano que se gasta y desgasta por amor a las almas, pero que debe saber parar a tiempo a repostar en el costado de Cristo, donde encuentra la paz en medio de las batallas, el silencio en medio del ruido, la fortaleza en medio de las tentaciones, el aliento en medio de las prisas, el Amor en medio de las críticas descarnadas y soeces, el sentido de la vocación en medio de las dudas del mundo circundante, las ganas de seguir entregando vida y alma en medio de las ganas de tirar la toalla.

Hay todavía mucho que hacer, muchas ovejas sin pastor, porque no saben hacia donde dirigir sus vidas que merezca la pena, hay aún muchos jóvenes escuchando la llamada de Dios al sacerdocio, haciéndose los sordos, aún muchos en todo el mundo que no saben que Dios se ha hecho hombre y ha puesto hombres mortales, con poder para dar la vida eterna. Hay mucho que adelantar en el aprecio de nuestros curas, que no se trata de regalarles jamones, sino de tratarlos como amigos y de rezar por ellos cada día, para que no caigan ni decaigan en una tarea que sobrepasaría a los mismos Ángeles, pero que ha sido encomendada a hombres.

¿Tienes cura? Quiérelo, disfrútalo y aprovecha para pedirle que te lleve por el camino de la vida eterna. Siéntete afortunado o bendecida y dale infinitas gracias al Pastor Eterno, que lo ha puesto en tu camino.

Feliz Domingo. Feliz día del Señor, Sacerdote para siempre.