Domingo XV del Tiempo Ordinario


En el Evangelio, manda el Señor a los apóstoles de dos en dos, para que se animen y cuiden el uno al otro.

Amigos míos:

Nos vuelve a llamar el Señor para su servicio y nos envía como profetas en medio de la sociedad que nos ha tocado vivir, a lo que podríamos replicar como el profeta Amós: ”yo no soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos”, pensando que somos muy poca cosa para tan gran tarea. Pero eso no es lo que mira Dios a la hora de enviarnos, sino que mira nuestra condición de hijos suyos bautizados, aunque seamos personas muy sencillas.

Cuánto bien hace una madre de familia dedicada al cuidado de sus hijos, un dependiente que saca a relucir a Dios en su conversación cada vez que puede, un agricultor, un constructor, una peluquera o un anciano, cuando de verdad se creen que son profetas y que hablan en nombre del Señor y no del suyo propio. Y eso, no saldrá en la tele o internet, pero son profetas verdaderos, como Amós.

En el Evangelio, manda el Señor a los apóstoles de dos en dos, para que se animen y cuiden el uno al otro, en pobreza para que no se distraigan con las cosas de este mundo, con poder de expulsar demonios para mostrar que Cristo ha vencido al mal y con un aceite que, ungiéndolo a los enfermos, cura a muchos de ellos.

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En este último aspecto quiero centrarme; en ese sacramento que ha quedado como “la fea del baile” de los siete instituidos por Cristo: la unción de los enfermos. Es este, junto con la confesión, un sacramento llamado de curación, o sea, no es la puntilla para que el enfermo acabe sus días, puesto que Dios no mata, ni le da poder a los curas para hacerlo con este rito.

Cuento brevemente los beneficios del mismo:
– Se puede recibir cumplidos los 65 años, aunque no se esté grávele te enfermo y repetirlo cada 4 meses o en peligro de muerte.
– Perdona los pecados al enfermo que no puede confesar (si hay consciencia, debe confesarse).
– Fortalece al que está sufriendo y lo consuela en su dolor, a la vez que le insufla la esperanza De Dios.
-Y, a veces, como dice él Evangelio de hoy, cura al enfermo de manera inexplicable para la ciencia y los médicos. “Y yo lo he visto”, como dice San Juan Evangelista; he visto enfermos a los que los médicos daban por acabados ya y, al recibir la unción de enfermos, han revivido y mejorado de forma fulgurante. ¿El autor? ¡Solo Dios!

Disfrutemos de los sacramentos que, para nuestro bienestar los hizo Dios y los entregó a su Iglesia para repartirlos a manos llenas.

Feliz Domingo. Feliz día del Señor.