Domingo XIII del Tiempo Ordinario


También hoy el Señor sigue resucitando y curando a través de sus curas, hombres pecadores, que nos equivocamos a cada instante.

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Ordenaciones en la Catedral de Córdoba./Foto: Jesús Caparrós

Hermanos míos:

“Dios creo al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser”, acabamos de leer o escuchar en la primera lectura de la Sabiduría. ¿Esto es cierto? Si nadie ha subido al cielo y ha vuelto con noticias de aquello, ¿podemos creer que al cerrar los ojos de carne en esta vida, se abrirán los del alma para ver a Dios para siempre? Estas y otras muchas preguntas nos surgen alrededor de este tema de la muerte que nos traen por la calle de la amargura cuando eliminamos la vivencia de una Fe enamorada del Corazón de Cristo, Amigo y de total confianza.

“Vivo de la fe en el Hijo de Dios que me amó  y se entregó por mi”, dice San Pablo totalmente convencido de que esa Fe, acompañada de testimonio y obras buenas, son el ajuar valioso que necesitamos para entrar en la Gloria.

Igualmente convencidos estaban Jairo y aquella mujer enferma, que se acercaron a Cristo totalmente confiados de ser escuchados y curados por la fuerza de su Palabra. Y así sucedió: la hija de Jairo fue resucitada y la señora enferma cesó en su dolencia. El Señor da la explicación de ambos milagros; la Fe que profesaron los dos con sus palabras y gestos.

También hoy el Señor sigue resucitando y curando a través de sus curas, hombres pecadores, que nos equivocamos a cada instante. Por la unción de enfermos, algunos agonizantes vuelven inexplicablemente a la vida normal y todos reciben el consuelo de saberse en las manos de Dios. Por la confesión, resucitan las almas muertas y podridas de pecados, por la Eucaristía bien celebrada, vuelven a la vida los ojos de la Fe a quien la había perdido u olvidado. Por el Bautismo, el que se acerca mata su pecado y nace en el una vida nueva, preñada de eternidad.

Gracias Señor, por acordarte de nosotros, por seguir eligiendo jóvenes para seguir haciendo milagros en nuestras parroquias y en las calles también. Ayer fueron ordenados en Córdoba 7 nuevos curas y 2 más que se ordenarán al pasar el verano. ¡Bendito sea Dios! Todos los curas somos mejorables y también necesitamos de la cercanía del Señor para curarnos y poder seguir curando a unos y resucitando a otros muchos.

¿Quieres curarte? Acércate sólo con Fe y verás los milagros suceder. No hay cuentos chinos en el cristianismo, sino un Señor que vive por los siglos y nos quiere más de lo que pensamos.

Feliz Domingo. Feliz día del Señor.