XI Domingo del Tiempo Ordinario


Así está ya presente el Reino de Dios en nuestro mundo: como el grano de mostaza, como la siembra que crece sola, como el ciprés sencillo, a los que Dios alaba

Amigos en el Señor:

Que Dios aprecia lo sencillo y humilde, no es ningún misterio para los que le conocen y se acercan a conocerle más. No hay más que leer la Escritura para constatarlo y así lo expresan los textos de Ezequiel y Marcos de este domingo, por lo que es bueno dar gracias al Señor, con el salmo 91, que no nos pide imposibles para nuestra frágil naturaleza humana.

Cuántos santos han ganado ese título y han vivido de la Fe, sin ver a Dios, como reza la segunda lectura de San Pablo a los Corintios. No hicieron milagros, no tuvieron visiones celestiales ni tenían dones extraordinarios; sólo vivieron su día a día con sencillez, con esa que alaba el Señor, se esforzaron por hacer bien lo que tocaba en cada momento, no quisieron resplandecer en medio de este mundo, ni intentaron siquiera que se les reconocieran sus méritos públicamente a costa de lo que fuera. Son los “Santos de la casa de al lado”, como el Papa Francisco los llama.

Y, aunque esperamos la venida en Gloria del Señor al final de los tiempos, para su primera venida en carne, nos enseñó este modo de vida humilde naciendo en una cuadra y siendo puesto en un pesebre, de padres paupérrimos, no tuvo dónde reclinar la cabeza, sino que dependía de la generosidad de quien quiso hospedarlo y alimentarlo, para ser aclamado rey entró en Jerusalén montado en un borriquillo y para morir, se subió a la Cruz, el suplicio reservado a los malos de la época, ni sepulcro propio tuvo, sino prestado.

Esto nos enseña a vivir sin dobleces, sin mentiras, dejando atrás la soberbia y la codicia que nos vuelven animales y no personas. Cuántos hemos conocido, que quizá no han merecido que se les rotulase una calle o plaza, pero que han hecho bien lo que tenían que hacer: su trabajo, su familia, su casa, sus estudios, sus proyectos, todo, lo han vivido sencillamente, sorprendentemente humildes.
Ahora eso sí, para el Señor, lo mejor. El mejor tiempo, la mejor limosna para los pobres, la mejor confesión, el mejor perdón ofrecido, el servicio más callado y sin aspavientos en sus parroquias. Y es que, si así vivió Cristo, así viven los Santos y así hemos de imitarles en cada momento.

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Así está ya presente el Reino de Dios en nuestro mundo: como el grano de mostaza, como la siembra que crece sola, como el ciprés sencillo, a los que Dios alaba. Por eso, en esta sociedad de bombo y platillo, crecen cristianos sencillos, niños unos, jóvenes otros, matrimonios, consagradas, sacerdotes que, sin hacer ruido ni llamar la atención, van construyendo un mundo mejor y se van ganando el Cielo que ya lo ha construido Dios para sus fieles.

Animo, que en lo sencillo, está Dios. No envidiemos a los grandes, que no llevamos ningún beneficio en ello. La Virgen María es modelo en esta forma humilde de existencia prudente y sencilla, que arranca del Corazón del Señor sus mejores bendiciones.

Feliz Domingo. Feliz día del Señor.