Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo


No vi luces, no estaba dormido, no había apariciones de ángeles, ni música de fondo; estábamos solo El y yo

20120610 corpus christi

Queridos amigos y hermanos en la Fe:

Entramos en la segunda solemnidad de la tres que celebraremos seguidas, durante este tiempo ordinario: el solemne día del Corpus Christi. Un día que se ha celebrado y celebra, por todo lo alto, en cada rincón del universo, aglomerando en un solo día la devoción a Cristo vivo en la Eucaristía.

Hemos escuchado en las dos lecturas y evangelio, tanto como en el salmo de hoy, la alusión a la alianza hecha entre Dios y la humanidad a través de la sangre. En el Antiguo Testamento, como relata Éxodo, con sangre de animales sacrificados y en el Nuevo Testamento, con la sangre de un Cordero Santo y sin mancha: la del mismo Dios hecho carne como nosotros.

Por esto mismo la Santa Misa es el sacramento más grande de los 7, porque en ella se hace presente verdaderamente el mismo Cristo en cuerpo, sangre, alma y divinidad. No es un recuerdo de la última cena, no es una fiesta social, no es un homenaje a Dios o a los que en ella participan; sino el mismo calvario donde se renueva, cada día, en cada altar, el pacto de Dios y el hombre. Lo que sea nuestra misa, será nuestra vida, palabras y obras. ¿Es nuestra primera devoción? Te salvarás, lavado por esa sangre y alimentado por ese cuerpo. ¿Es un rollo de media hora, una mera obligación, un “trago” a soportar para hacer luego un banquetazo? Tú te lo perderás.

¡En la Misa está Cristo vivo! Y siente, ama,  escucha y habla; ¿no lo has oído nunca? Prueba a ponerte a la escucha y, a modo de ejemplo, te cuento la experiencia que tuve con 14 años de su Presencia Real en eso que parece pan y sabe a pan o parece vino y sabe a vino; donde los 5 sentidos humanos se confunden y entra en acción el sentido de la Fe. Como os decía, tenia 14 años, monaguillo de mi parroquia desde muy chico, mi cura había expuesto el Señor en la custodia y me puse de rodillas a rezar; no recuerdo muy bien si le estaba pidiendo, dando gracias o, simplemente, allí clavado en el banco. Lo cierto es que, en un determinado momento sentí con fuerza que Aquel que estaba aparentemente allí dormido tras el transparente cristal, llamó mi atención y me hizo sentir tan querido, tan en paz y tan confuso a la vez, que no pude más que contárselo a mi cura, porque nunca había experimentado algo así.

Y, ¡ me habló!. No vi luces, no estaba dormido, no había apariciones de ángeles, ni música de fondo; estábamos solo El y yo, aunque la parroquia estaba llena de fieles. Pero estaba tan feliz y tan extrañado a la vez, que al comentárselo a mi párroco me dijo sin titubear: “te está pidiendo que seas cura”. Me dejó clavado en el sitio pensando:”si yo no se lo he dicho a nadie, nunca he comentado que quería ser sacerdote porque me moría de la vergüenza, pensaba que se pasaría con el tiempo”. Así que, aquel día me habló dos veces: desde la custodia me dijo “te quiero sólo para mí, para nadie más” y, a través de mi cura me lo repitió delante de algunos testigos en la sacristía. No era cosa mía ya, era de Él, tenía que ver si era de veras, así que me fui al seminario menor y pronto cumpliré 16 años como sacerdote. Era verdad, estaba ahí, donde mi abuela, mi catequista, mis sacerdotes, todos me decían que estaba. Aunque antes, lo había dicho el mismo Cristo: “esto es mi Cuerpo; esta es mi Sangre”.

Desde entonces, la Misa para mí es lo más grande, porque así me lo demostró; unas veces lo siento más, otras, lo noto más oculto, pero…¡está ahí! Vivo para mí, esperando que lo visite en el sagrario, en la custodia, que lo coma como alimento para ganar el Cielo. Me llamo a mí mismo el “loco del Corpus”, no porque sea bueno, sino porque intento explicar en esta fiesta, aunque sea solo trabajando, que Dios está aquí. Le digo a todos mis amigos que así me lo escriban en mi lápida, cuando ya no pueda hablar con la lengua: “aquí yace el loco del Corpus”. Se lo debo todo a Él.

Quizá me he sobrepasado en esta homilia de palabras. Pero quería sólo contaros algo que me ha hecho y me hace tan feliz: que cuando necesito a Dios y lo busco, lo encuentro enseguida en la Eucaristía y eso, no me lo puedo callar.

¡Alabado sea Jesús Sacramentado! Feliz día del Corpus Christi.