La Santísima Trinidad


Solo podemos adorar estos misterios que escapan a nuestra limitada razón, porque una cosa es lo incomprensible y otra, lo absurdo

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Hermanos:

“En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”. Así empezamos y acabamos los cristianos toda nuestra vida terrena, así cada sacramento que celebramos, así cuando nos santiguamos o recibimos la bendición.

Porque un solo Dios hay en el cielo y en la tierra, nos dice la primera lectura de Deuteronomio. Y es un Dios en tres Personas distintas. Tranquilo, tranquila, no lo vamos a entender; sólo podemos adorar estos misterios que escapan a nuestra limitada razón, porque una cosa es lo incomprensible y otra, lo absurdo. Lo primero es real, pero escapa a mi razón, como la Trinidad y lo segundo es irreal, no existe.

Por eso la Fe es un regalo enorme del Señor, que nos hace capaces de adorar y creer sin ver ni comprender. Y, aunque la Fe es algo razonable, hay momentos en los que la razón se detiene para dar paso a esa Fe en el Señor.

Este Señor Único es Padre que crea el universo. Sí, no fue el azar, ni un simple big bang, ni Darwin, vaya por dónde. Dios crea y lo hace de la nada, cosa que el ser humano nunca podrá hacer, porque no es dios.
Este Señor es Hijo, con un cuerpo de carne y hueso, que baja de los cielos, paga la deuda que nosotros éramos incapaces y nos espera en la Casa del Cielo.
Este Señor es Espíritu, que da vida, eficacia y fuerza a la iglesia, en medio de este mundo creyente o descreído.

Pero es un solo Dios. ¿Te sabes el Credo? Pues ahí recitamos con orgullo y humildad lo que creemos los católicos de todo el mundo y toda la historia. ¿Lo entiendes todo? No te preocupes, yo tampoco y creo lo que recito.

Creamos y obremos en consecuencia, que algún día veremos y entenderemos en la presencia de Dios. Ánimo.

Feliz Domingo de la Santísima Trinidad.