Domingo V de Pascua


Cuéntale a tus padres o hermanos, a tu novia o a tu marido y amigos o desconocidos, que vas a misa a diario o semanalmente. Con total naturalidad.

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Hermanos míos:

Llegamos al quinto Domingo de Pascua, en el que el Señor se llama a sí mismo Vid, en este evangelio que acabamos de leer de san Juan, de la misma manera que la semana pasada se denominaba como el Buen Pastor.

De sobra sabemos que un sarmiento o una rama separada de la vid o del tronco, es imposible que dé fruto, porque no está unida a la cepa que le nutre, le surte de savia y le hace llegar el alimento que produce en ella el fruto sabroso. Así, tampoco nosotros si no estamos unidos a esa Vid que es Jesucristo en nuestra propia vida. Quizá pensamos que es suficiente la oración, quizá el ir a misa el domingo, quizá el consuelo aparente de decir que creemos en Dios, como si por el solo hecho de decirlo, ya fuera realidad; pero lo cierto y verdad es que sólo dará fruto de buenas obras, aquel que se enamora del Señor cada mañana; quien le da gracias cada día por una nueva oportunidad de cambiar de rumbo; quien confiesa sinceramente su pecado ante otro pecador como es el confesor; quien asiste a misa, le cueste lo que le cueste cada domingo por lo menos, buscando unirse a Aquel que da el alimento , la savia y la fortaleza a cada instante.

Así lo vivieron los apóstoles, como hemos escuchado en la primera lectura, donde “anunciaban públicamente el nombre de Jesús”. Casi nada, ¿eh? Cuéntale a tus padres o hermanos, a tu novia o a tu marido y amigos o desconocidos, que vas a misa a diario o semanalmente. Con total naturalidad, como el que dice que le gusta esquiar, leer, o tocar la guitarra. Ya no es tiempo de medias tintas, como los cobardes, de los que nunca se escribió nada, sino de los valientes a los que Dios les tiene alquilado el mundo, como afirma san Agustín.

Nunca fue fácil ser creyente. ¿Pensabas que lo sería ahora, en este siglo XXI?. Como dice un amigo mío: “si se metieron con el Señor, ¿no lo van a hacer con nosotros, sus discípulos? En fin, olvídate del qué dirán y preocúpate del qué dirá el Señor de tus palabras, pensamientos, obras y omisiones, que te cundirá más, bastante.

¡Animo! Feliz Domingo. Feliz día del Señor.