Domingo del Buen Pastor


Y huyamos como de la peste de quien intenta separarnos de los demás con la crítica, el chisme, la maledicencia o la calumnia.

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Amigos y hermanos todos:

Este cuarto Domingo del tiempo de Pascua, se denomina el del Buen Pastor, como hemos escuchado en el Evangelio, porque el mismo Cristo se denomina a sí mismo como tal. En otros evangelios se llamará vid y también puerta; pero hoy, nos centramos en esta consideración del Pastor.

Todos hemos visto la tarea paciente que conlleva el pastoreo de un rebaño de animales, especialmente de las ovejas, que muy listas no son, la verdad, y está muy bien que el Señor nos compare con ellas. Pero no porque Él piense que somos unos descerebrados, sino para que pensemos que no somos tan listos ni tan poderosos, como pensamos que somos.

Un pastor humano reúne al rebaño, lo lleva a pastar, a beber, cura a las enfermas, procura que se reproduzcan para renovar, busca la perdida, las protege del lobo que las acecha y, hasta las conoce por su nombre, una a una; en definitiva, entrega todos sus esfuerzos al cuidado de ese rebaño.

Y así lo hace el Señor con nosotros, pero dando un paso más radical aún: ¡HA DADO SU VIDA POR SALVAR ESTE REBAÑO! De ahí que en la primera lectura se nos haya dicho: “bajo el cielo, no hay otro nombre que pueda salvarnos”. Todo lo que procura el Señor es unirnos, que nos queramos, que nos pongamos al servicio del otro, que nos tratemos bien, que vivamos la Fe en comunidad,… Y, por el contrario, el Lobo, sólo quiere desperdigarnos, apartarnos del Pastor para devorarnos y dejarnos sin sustento para que muramos de hambre y de sed, lejos del Único que puede guardarnos.

Así es Jesucristo. Si lo has experimentado, dale muchas gracias; si no, pídele que se te muestre, porque no juega al escondite con nosotros. Ayer mismo, fui con un grupo de jóvenes invitado a ver la película VIVO, de la que disfruté tremendamente al sentirme apacentado por un Señor que es tan Bueno conmigo, tanto, que me llamó para ser sólo suyo y pastor de su rebaño.

Por eso, cuidemos todo eso que nos une, en el hablar y en el actuar con quien nos quiere y con quien no, con quien nos acepta y con quien nos recela. Y huyamos como de la peste de quien intenta separarnos de los demás con la crítica, el chisme, la maledicencia o la calumnia. Porque eso es lo mismo que busca el demonio: que los amigos discutan, que los matrimonios se separen, que los hermanos no se hablen, que las parroquias no se quieran entre los mismos de la casa, etc.

Acerquémonos a este Buen Pastor y quedémonos con Él para siempre, en verdes praderas y aguas limpias y huyamos del Lobo que se busca las artimañas necesarias para engañarnos y que nos vayamos del redil.

¡Ánimo! Feliz Domingo del Buen Pastor.

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