Muerte de Nuestro Señor


Ya hay muchos que desprecian la Cruz, como Fe y como símbolo, la hemos visto retirada de cualquier sitio público para no “ofender” a nadie, la hemos visto derribada y arrojada en vertederos de basura

Día de tinieblas el que hoy conmemoramos, en el que Cristo sufre lo indecible, para que yo tenga sitio en el Cielo y mi muerte no sea eterna. Así lo afirma San Pablo en la segunda lectura de hoy:” tenemos un Sumo Sacerdote grande , que ha atravesado el cielo”, por lo que ya se ha roto el poder del pecado que nos impedía el ascenso hasta Nuestro Dios.

Es un misterio el que celebramos, por el que Dios hecho hombre, muere verdaderamente para que yo, pobre mortal, alcance a Dios. Un intercambio que sólo Él podía hacer. Y, ¡lo hizo! Corazón de piedra, tendríamos si hoy, al escuchar en los Oficios (que no Misa, porque hoy el Señor muere y ya no la celebraremos hasta la Solemne Vigilia de Resurrección) la lectura de Isaías del siervo de Yahvé, el salmo 30 y la Pasión según san Juan, no nos conmoviéramos de tan sólo pensar que es el Dios, en el que decimos creer, el que sufre ahí.

Ya hay muchos que desprecian la Cruz, como Fe y como símbolo, la hemos visto retirada de cualquier sitio público para no “ofender” a nadie, la hemos visto derribada y arrojada en vertederos de basura, para no “ofender” a nadie, echadas en contenedores junto a los desechos humanos, porque ya no servía en casa. Y ¿quién piensa en la ofensa contra Dios? Si no somos nosotros, los cofrades, adoradores, matrimonios seglares, sacerdotes, religiosas, cristianos de a pie, apaga y vámonos.

Cuánto debemos reparar el pecado cometido contra el Señor y contra la humanidad; hoy, hasta el cielo llora, queriendo hacernos caer en la cuenta, que hemos matado al Autor de nuestro bien. Aquel Viernes trágico y Salvador, “hasta las piedras se resquebrajaron”. ¿Entenderá la creación inerte que su Creador ha muerto y el ser humano se dedicará a festejar, beber y bailar un día de luto?. Hoy, muchos se vestirán de luto, sin ir haciendo gala, muchos ayunarán de comer y de manjares, meditando en la Pasión del que más queremos; hoy, no tenemos el cuerpo para fiestas, sino para ponernos delante de la Cruz del Señor y decirle: “y todo esto, por mí”.

Que tengamos una provechosa celebración del día más amargo del almanaque católico, para el corazón católico.

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