V Domingo de Cuaresma


Hay miles de católicos creyentes que hoy, entregan su vida y bienes a socorrer a pobres y postergados, tanto a los de cerca, como a los de tierras de misión

Hermanos todos:

Pasado ya el domingo de la alegría entramos en este quinto y último antes de la celebración de la Semana Santa 2021, fiesta de gozo y salvación para todos los que creemos en Jesucristo, que ha venido al mundo para lavar nuestras miserias y llevarnos al Cielo.

La primera lectura de Jeremías nos habla: “Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones”, refiriéndose a la novedad del Nuevo Testamento, que nos invita a una vida nueva donde peleemos sin tregua contra nuestros pecados y las tentaciones del Maligno. Qué bueno sería el mundo si, al menos todos los bautizados, viviéramos el Evangelio, ¿verdad? Sin robo, ni adulterio, sin mentiras, ni críticas calumniosas, sin abuso de poder, ni egoísmos, construiríamos una sociedad donde daría gusto vivir y ahorraríamos mucho sufrimiento propio y ajeno.

De ahí, la aserción de Cristo en el Evangelio de hoy de san Juan a aquellos griegos y a Felipe y Andrés, sus apóstoles: “Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto”. Cristo murió por nosotros y dio un fruto infinito, que durará hasta el fin de los tiempos y hay muchos creyentes que hoy viven y luchan por vivir estas palabras, entregando su tiempo, comodidad y hasta la propia vida, por el Evangelio y los demás. Todos hemos escuchado cómo obispos, sacerdotes, religiosas, médicos, enfermeras y asistentes, han dado su vida atendiendo a los afectados por este virus, que no ganará la batalla. Y no solos ellos, sino que hay miles de católicos creyentes que hoy, entregan su vida y bienes a socorrer a pobres y postergados, tanto a los de cerca, como a los de tierras de misión, colaborando en las Cáritas o Manos Unidas, acudiendo a la cárcel a catequizar, atendiendo a madres solteras abandonadas a su suerte, echando una mano en todo lo que haga falta, en cada parroquia levantada a lo largo y ancho del Universo.
Cristos vivos que actúan más que hablan y hacen que estas palabras del Evangelio retumben con más fuerza que el trueno, delante de un mundo que, tiene cada vez más sed de Dios y su Palabra.

Tú, yo, nosotros, estamos también llamados. Si rompes la atadura que te esclaviza a tu sillón, a tu cuenta corriente, a tu deseo de medrar, verás que hay otra vida posible y mucha gente a tu lado que te gritaba auxilio y no la estábamos escuchando. ¡Ánimo!

No hacemos nada por sentirnos superiores, sino deudores de Dios por tanto bien recibido en su Pasión, Muerte y Resurrección. Él está vivo y te quiere vivo a ti también, dándote a los temas.

Feliz Domingo. Feliz día del Señor.

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