Domingo III de Cuaresma


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Queridos hermanos:

Disfrutando del viaje histórico que el Papa Francisco ha realizado a Siria, el primero de un Pontífice y pidiendo por sus frutos, seguimos adentrándonos en el camino cuaresmal que nos llevará hasta la celebración gozosa de la Resurrección.

La primera lectura del Éxodo nos relata la enumeración de los mandamientos a Moisés, para bien de su pueblo, Israel y para bien del nuevo pueblo escogido, que somos el conjunto de todos los creyentes de la historia. Dios no quiere someternos, sino liberarnos y, como conoce perfectamente los peligros del alma, nos advierte de ellos, como un padre y una madre hacen con sus hijos, cuando les advierten de lo que puede dañarles.

En esta lectura el Señor se llama a sí mismo “Dios celoso”. No posesivo, sino celoso de nuestro corazón que es el bien más precioso que tenemos, aunque pensemos que es nuestro dinero, casa, coche, novia, esposo, fama, poder sobre otros, etc. Nuestros padres, si hubieran podido, hubieran evitado que marcháramos de casa a realizar nuestros estudios, carreras o trabajos, si por su celo hubiera sido; pero porque nos amaban, nos dejaron partir, con dolor de su parte. Dios es así.

Quiere que nos quedemos en su Corazón resguardados y amparados de la intemperie, pero no nos obliga. Quiere que lo decidamos libremente, con o sin ataduras, con o sin problemas, con o sin pecados. Nos quiere y punto. Pero nos sueña buenos cristianos, como decía san Agustín: “no hay nada más agradable que el aroma del Señor. Que todos los creyentes huelan así”. Ojalá sea una realidad, porque es lo que busca todo el que se acerca a nosotros, aunque no nos lo digan. Buscan autenticidad y ,para ello, necesitamos pura sinceridad con Dios, en su Iglesia.

Nuestro Templo no es de piedra, sino su Cuerpo y Sangre, como nos explica Él mismo en el evangelio de hoy. También nosotros tenemos un templo que es nuestro cuerpo, donde puede habitar el Espíritu De Dios, si lo obedecemos o echarlo a patadas, si nos obedecemos a nosotros mismos, a nuestras inclinaciones torcidas o a la invitación de Satanás y del mundo. Tú decides. O Dios o nada. Las medias tintas no existen en esta aventura: o en colores o en blanco y negro, o frío o caliente, o dentro o fuera. Pero en terreno neutro no, hermano, que hemos costado mucho al Señor: le hemos costado su Sangre derramada y su Cuerpo entregado a la Pasión.

Vive la Cuaresma a tope. Déjate de miedos y salta al vacío porque si Él nos lo pide, es porque está ahí para acogernos en sus manos poderosas. Nunca falla. Ánimo.

Feliz Domingo. Feliz día del Señor.