Domingo I de Cuaresma


Queridos amigos:

Impuesta la ceniza en nuestras cabezas e iniciada la cuaresma, tiempo de cambio y conversión, nos encontramos este domingo con un evangelio que nos sorprende tremendamente: ¡El Señor, el Cristo, el Mesías es tentado por Satanás!

Valiente mamarracho que se atreve a desafiar la santidad de Nuestro Señor, pensando que, quizá, podría con el mismo Dios. Y como no pudo, ataca ahora a lo que más quiere este Señor: a su Iglesia, a nosotros, que somos su creación. Es un cobarde traidor que acecha a cada humano en su día a día, para hacerle tropezar, después para enredarlo en sus redes y por último, arruinarle la vida. Si Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida, el Demonio es el desvarío, la mentira y la muerte.

Y, ojo, que se ha convertido en maestro de mentiras sibilinas, soplos al oído conmovedores y un monologuista magistral. No soporta haber sido derrotado en la Cruz y busca a todo ser viviente para llevarlo a la ruina, por supuesto haciéndole creer que lo hace libremente y que lo está haciendo bien.

Va buscando robar la inocencia de nuestros niños y jóvenes, la fidelidad de nuestros sacerdotes y religiosas, el amor de nuestros esposos, la justicia de los gobernantes, la bondad de los buenos y la Caridad De los Santos. Es un perdedor, un ruin ser, en que lo convirtió su orgullo y, por ello, hemos de hablar de él, descubrirle la cara, dejarlo al descubierto y que huya como un perro con el rabo entre las patas, cuando viene a tentarnos a cada uno.

Somos débiles, heridos por el pecado original, pero inteligentes obras, salidas de las benditas manos de Dios y tenemos una fácil manera de descubrir que nos quiere enredar: solo hay que saberse los mandamientos y conocer el Corazón de Cristo; lo demás, viene solo. Por ejemplo, siento una invitación a hacer algo que Dios no quiere, pero siempre adornado con una buena apariencia (robar porque los políticos roban o esconder la verdad para que los demás me ensalcen). A fin de cuentas, me ofrece un pastel hermosamente adornado de fruta y chocolate, pero envenenado hasta la última capa de bizcocho. ¿Soy libre para tomarlo? ¡Claro! Pero tonto si lo hiciera, sabiendo que ya el Señor me ha mostrado el veneno que ha sido inoculado por el demonio.

Así estamos y así estaremos hasta media hora después de muertos: peleando contra la tentación, pero sabiendo que estamos en el equipo ganador, si hemos elegido por el Señor y nos ponemos en contacto con Él en la confesión, cuando hayamos picado el anzuelo del maligno, sabiendo que Dios nunca se cansa de perdonarnos; que somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón.

Por ello, cuando sientas la pereza o la aparente tontería de confesarte, ¡despierta! Te está engañando. Y tú y yo, no tenemos un pelo de tontos como se ha pensado el zorro este que tenemos. ¡Animo! Peleemos de parte de Dios, que la victoria está asegurada.

Feliz Domingo. Feliz día del Señor.

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