El bautismo del Señor


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Amigos todos:

Con esta jubilosa celebración del Bautismo del Señor, clausuramos las fiestas de la Navidad. ¿Cómo, se preguntará alguno de los lectores, si la Navidad termina con la solemnidad de los Reyes? Pues vemos que no, puesto que las fiestas que celebramos son las de la Manifestación de Dios, hecho hombre, en medio de los hombres.

Este acontecimiento que celebramos, sucede cuando Nuestro Señor tiene unos 30 años, lo cual no nos cuadra con la celebración del Dios-Niño. Quizá hasta hayamos desalojado el Belén, los adornos y las colgaduras de los balcones, porque terminaron las celebraciones familiares, pero no las de la Fe. Hoy, (voy a soltar un “palabro”), es una Teofanía, o sea, una manifestación de Dios Padre, que revela la identidad del que acaba de salir de las aguas del Jordán, bautizado por su primo, el profeta Juan: ”Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”, culmina la lectura del Evangelio de Marcos de hoy.

Cristo no necesita bañarse en el alma como nosotros, que tuvimos que ser bautizados para borrar el pecado original con el que nacimos y que no es muy difícil reconocer en nuestro día a día, cuando se nos inclina el alma, la mente y todo, al mal en vez de al bien. No hace falta que lo comprobemos; sólo que estemos atentos a nuestros impulsos. Somos nosotros los que necesitamos ese perdón primero del bautismo y el perdón continuo (casi cada día) de la confesión.

Fui bautizado un 18 de agosto de 1981, con menos de un mes, en la parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación de Santa Eufemia (Córdoba), por mi párroco de entonces, don Juan Bejarano. Regalazo que mis padres me procuraron y que, hoy día, sigue teniendo repercusión en mi vida, puesto que espero llegar a la Paz que no se termina, junto a mi Señor.

Los que hemos estado en el Jordán, nos imaginamos fácilmente la escena en ese entorno exuberante junto al cauce abundante del río que da vida a toda la zona. Los presentes en aquel momento, pudieron “ver” a la Santísima Trinidad en la escena que les haría abrir la boca a cada instante. El Mesías que sale del agua, el Espíritu que desciende y el Padre que truena aquellas palabras de consuelo y Revelación: “Tú eres mi Hijo amado”.

Por el bautismo tenemos acceso directo al Corazón de Dios, somos hechos sus hijos, aunque ya fuéramos sus criaturas previamente, tenemos la capacidad de pensar y actuar como lo hace Dios y somos capaces de vivir una vida coherente con la fe que profesamos. AVISO IMPORTANTE: VIVE COHERENTEMENTE CON LA FE QUE DICES TENER. Lo demás, no vale para nada y seremos anti-testimonios delante de quien hablemos y obremos.

Que esta última celebración de Navidad y comienzo de la vida pública de Jesús, nos ayude a entender la pobreza, el escondimiento, la obediencia, la oración, el silencio, el no aparentar, para que, cuando Dios nos pida algo, seamos capaces de darlo todo como los soldados de Gedeón, ¡hasta la victoria final!

Feliz Domingo. Feliz día del Bautismo del Señor