Domingo de la Sagrada Familia


Queridos hermanos todos:

Este domingo posterior al día de Navidad, está dedicado a la Sagrada Familia, aquella formada por San José, su Bendita Esposa, y el Niño de sus entrañas: Cristo, el Mesías.
No faltan en esta Santa casa abuelos: Joaquin y Ana, según la tradición, padres de María y Jacob, padre de San José y, por otro lado, están los titos Zacarías e Isabel y María (la que estaba junto a la Virgen al pie De la Cruz) y los primos Juan (el Bautista), Santiago el Mayor y Juan (apóstoles).

El Señor sabe de familia. La funda Él desde el principio de los tiempos, al unir el hombre a la mujer, primero como unión natural, para elevarla después a la categoría de sacramento, llamándole Matrimonio y haciendo que sea posible que un hombre y una mujer puedan amarse y respetarse durante TODA LA VIDA. Qué barbaridad o qué  gran regalo el del matrimonio para siempre,  fruto del cual amor verdadero, son los hijos, alegría continua y motivo de ocupación y preocupación de sus padres, por causa de un vínculo que los hace inseparables.

Así lo proclama la primera lectura de hoy, del Eclesiástico: “Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre su prole”. Por lo que los hijos, estamos llamados a obedecer y respetar a nuestros padres, de por vida y no pasar de ellos porque Dios nos dice “no lo abandones aunque chochee, ni lo abochornes mientras vivas”. Solo así cumpliremos nuestro deber para con ellos y así seremos escuchados cuando recemos; sólo así, los hijos aprenderán de sus padres a respetar a los abuelos y enfermos; sólo así, los pequeños sabrán amar a los pobres. Porque las palabras mueven, pero el ejemplo arrastra.descarga 2

Por eso, todo lo que atenta contra la familia y los débiles, va contra Dios y aparta del cielo. La violencia doméstica, el aborto, la eutanasia, la infidelidad, la incapacidad de perdonar, la negación a los padres de elegir la educación para sus hijos, el abandono de los ancianos, etc, destruyen la familia y, por tanto, los cimientos de la sociedad cristiana que el evangelio ha construido desde el amor y que vamos viendo cómo está abocada a desaparecer como comunidad de amor, si los católicos nos quedamos de brazos cruzados ante la cruda realidad o nos negamos a vivir la familia como lo enseñaron José, María y Jesucristo: desde el amor y no desde la comodidad, el individualismo o el afán del dinero a costa de lo que sea.

“Los abuelos deberían ser eternos”, le digo a los nietos que ven morir y enterrar a sus aliados más cariñosos en esta vida. Que importante es que los niños no dejen de visitar a esos ancianitos que los han querido casi más que a sus propios hijos, incluso cuando están enfermos y débiles. No les neguemos a los pequeños, despedir a sus queridos abuelos. Para mí, fueron unos segundos padres, que me querían porque sí, porque era su nieto, porque era su niño. ¡Cuánto he sentido la muerte de mis abuelos! Cuántas cosas les diría ahora si volviera atrás y pudiera darles todos los besos que, por descuido, no les di.

Si duele la partida de los abuelos, cuánto la de nuestros padres, madres, hermanos de sangre y de Fe, pero, cuánto más la de un hijo o un nieto. Y es que, no estamos hechos para la muerte, sino para la vida. Por eso, matar o despreciar a un ser indefenso, no nacido, enfermo o anciano, es una puñalada al Corazón De Dios y un dolor profundo que acompañará de por vida, a quien lo comete, por mucho que la ley lo permita o aliente.

¡La familia es un regalazo De Dios! Tanto bien nos hacen, que el mismo Dios se procuró la suya propia y creó a la MUJER más perfecta de toda la humanidad para madre suya, eligió para Ella y lo enamoró de su hermosura intacta a un HOMBRE bueno y justo. No fue un matrimonio de conveniencia, previamente acordado, sino que se amaron y se rieron juntos y sufrieron la incomprensión de sus paisanos, la persecución de su pequeño por Herodes, la huida a Egipto, la pérdida del Pequeño durante tres días, la profecía de Simeón sobre la espada y, por último, el cumplimiento de la profecía más dolorosa: ver morir al Salvador y al Hijo de sus entrañas en una Cruz dolorosísima. Porque amaron, obraron según los planes de Dios y porque vivieron el Evangelio, ganaron la Gloria eterna en el Cielo. Allí nos esperan y desde allí, nos pueden auxiliar a nosotros y a nuestras familias en cualquier necesidad. Pidamos y hagámoslo con frecuencia y generosidad que no quedaremos defraudados.

Porque al lado de esta gran Mujer, hay un gran Hombre y, en medio de ellos, todo un Dios con un cuerpo como el nuestro. Sagrada Familia, ruega por los que más queremos y bendice cada uno de nuestros hogares. Que sepamos cambiar esta cultura de la muerte, en cultura de vida y vida abundante, como la que el Señor quiere regalarnos.

Feliz Domingo a los que me leéis y a cada miembro de vuestras familias. Dios os guarde y bendiga.