Conmemoración de todos los fieles difuntos


Queridos hermanos peregrinos por este mundo, camino del Cielo:
 
Ayer, la Iglesia honraba con todos los medios a su alcance, la debida reverencia que merecen los Santos. Todos los triunfadores que han llegado a estar con el Señor, gracias a su Fe, Esperanza y Caridad. 
 
Hoy, esta misma Iglesia Peregrina, o sea nosotros, se interesa por la suerte de todos aquellos que, en su intento de vivir la fe, han muerto con algún pecado en su alma que les impidió entrar por la puerta del cielo y se encuentran en el “purificatorio”, o sea, en el purgatorio. No es cuento del pasado, ni devoción de “beatos”, rezar por ellos. 
 
Ellos piden por nosotros, para que no nos olvidemos de encomendarlos en nuestra oración, de ofrecer sacrificios por su adelanto en la entrada al Cielo y, sobre todo, de celebrar y aplicar la Santa Misa, por ellos. ¡Que se nos ha olvidado celebrar misas a nuestros difuntos! Que los hemos abandonado a su suerte, sin acordarnos de que sus almas. Si están en el purgatorio, necesitan de esos ofrecimientos nuestros para su bien. ¿No decimos que los queremos? Y, si somos gente de Fe, ¿a qué nos hemos dedicado si no vamos a Misa ni siquiera el Domingo, ni aplicamos misas por su salvación eterna? Quizá soy duro en esta afirmación, pero los sacerdotes podemos constatar esta realidad de primera mano
¡Cuantos entierros de difuntos, que no han recibido los sacramentos de la confesión, la unción, ni la Sagrada Comunión! ¡Cuantos entierros en las parroquias, de fieles cuyos cuerpos serán incinerados y arrojados a cualquier sitio, menos a una tumba bendecida y digna! ¡Cuantos entierros de difuntos, cuyas familias no ofrecerán ni una sola misa más por esa pobre alma que ha partido de este mundo! 
 
Por eso, esta celebración de hoy, mundialmente extendida; hoy, la Iglesia Peregrina, gime y ofrece por la Iglesia Purgante, miles de Eucaristías a lo largo y ancho del Orbe creyente. Si ayer era fiesta en el cielo, hoy, lo es en el purgatorio. ¿Cuántas almas sacaremos hoy? Estoy convencido que muchas; y al llegar a la presencia de Dios Bendito, no se olvidarán de pedir por aquellos que hemos adelantado su salvación
 
“Me han arrancado la paz y ni me acuerdo de la dicha”, reza la primera lectura del libro de las lamentaciones (una de las opcionales para hoy). Porque sentimos pena y el corazón se desgarra ante el recuerdo de tantas personas queridas que, un día, el Señor anudó a nuestro querer y ya no están con nosotros físicamente. Pero por la comunión De los Santos, que profesamos en el Credo, hoy no solo los recordamos, sino que rezamos por ellos y ofrecemos confesiones, misas y oraciones miles por los que llevamos en el corazón. Porque, arreglados estarían los pobres, si solo los lleváramos en nuestro recuerdo y corazón, como si fuéramos eternos nosotros; ¿se nos olvida que un día (no sabemos cual) también moriremos? ¿Se acabará entonces la memoria de esos difuntos? ¡Nunca! La Iglesia, Madre siempre, ofrece este día 2 y todo el mes de noviembre a la memoria de esos difuntos que están esperando llegar al cielo. Saben que están salvados, pero todavía no. 
 
No podemos rezar por las almas condenadas en el infierno, porque ellas eligieron libremente en este mundo servir a otro “señor” que no era Dios, sino pecado. Pero sí que podemos sacar a muchos de los nuestros y a otros por los que nadie reza ya, de ese lugar de sufrimiento, porque aún no han llegado a la Gloria, de ahí que representemos el Purgatorio rodeado de llamas, que expresan dolor y arrepentimiento del pecado propio. 
 
Quedémonos con las palabras de Cristo del evangelio de San Juan: “que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias“. ¡Pero creamos! ¡Que de los deseos no se vive ni se muere, pero de la voluntad firme en seguir al Señor, salen frutos de santidad que nos llevarán directos al Cielo!
 
Dales Señor el descanso eterno y brille para ellos la luz Perpetua. Descansen en Paz. Amén. 
Sus almas y las almas de todos los fieles difuntos, descansen en Paz. Amén. 

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