Solemnidad de Todos Los Santos


Queridos hermanos todos:

Hoy comenzamos el mes de Noviembre, dedicado por la Iglesia a los difuntos, pidiendo su salvación eterna.

Y no es casualidad que comience con esta celebración de Todos Los Santos, o sea, de los mejores hijos que ha tenido la Iglesia, nuestra Madre, a lo largo de toda la historia de salvación. Hoy es un día para el gozo y le esperanza; hoy es un día de fiesta, porque en una sola celebración, alabamos a Dios por las maravillas que ha obrado en una “multitud que nadie podría contar, de toda raza, lengua, pueblo y nación”, como afirma la primera lectura del Apocalipsis.

Han llegado a la meta, al Cielo. Son la Iglesia Triunfante. Junto a Dios, ¡para siempre! Ya nadie podrá arrebatarles ese gozo inmenso de haber vivido obedeciendo al Señor para recibir, finalmente de su mano, la corona de Gloria que no se marchita. Por eso, todos esos santos que celebramos cada día del año y en el cual cada uno nos felicitamos, hoy reciben la felicitación y el honor de nuestra parte, la Iglesia Peregrina, que espera alcanzar esa misma meta.

Por eso, hemos de imitarles en sus buenas obras y hemos de pedir su intercesión, porque están al lado De Dios y pueden tirarle de la manga para que Él, nos regale el milagro o los milagros que le pedimos. Todos ellos vivieron las Bienaventuranzas que Mateo nos narra en el Evangelio de hoy; han sido limpios de corazón, han llorado, han sido perseguidos por su Fe, han tenido entrañas de Misericordia….y así, un largo etc.

Hoy, se nos infla el pecho de esperanza, pensando que entre esa multitud se encuentren nuestros seres queridos; quizá nuestra madre, nuestro padre, abuelos muy queridos y vecinos cercanos a nosotros, quizá miembros de nuestra hermandad o de nuestro movimiento eclesial, quizá nuestro hijo, nuestro cura, nuestra hermana,…Se lo pediremos así al Dios Grande en Piedad, en la Memoria de todos los fieles difuntos, en la que rezamos por las almas del purgatorio.

Hoy, pedimos, pero sobre todo celebramos cada uno nuestro santo; unos, declarados Modelo a seguir por la Iglesia ya y otros, anónimos, pero igualmente dichosos. Entre todos ellos, resplandece una mujer,  la Mujer por excelencia; la Perla más valiosa de la corona del Señor: la Santísima Virgen. Su Hija, su Madre, su Esposa. La que felicitamos cada vez que empuñamos el Rosario o la Corona Dolorosa y le damos la vuelta, cada vez que paramos nuestra labor para dedicarle el Ángelus, la que alabamos cada vez que recitamos una jaculatoria, una oración, un acto de Fe.

Al Santo entre los santos damos gracias por regalarnos el Cielo. Pero nos toca a nosotros, con su ayuda, la intercesión de la Señora de Cielo y Tierra y la recomendación de “los mejores”, ponernos a la tarea que Dios nos encomienda cada día y pelear la batalla contra Satanás para, un día, ser contados entre ellos.

¡Feliz Domingo! ¡Feliz día de Todos Los Santos!

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