Domingo XXX del Tiempo Ordinario


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Evangelio de San Mateo./Foto: LVC
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Evangelio de San Mateo./Foto: LVC

Queridos hermanos:

En primer lugar, quiero felicitar a todos los cordobeses que tienen como guía y protector al Arcángel San Rafael, que se celebró ayer como solemnidad en la ciudad de Cordoba. A él, le pedimos por la protección de nuestras familias y nosotros mismos ante esta plaga virulenta que se ha hecho presente en nuestro mundo moderno.

Por otra parte, hoy domingo, escuchamos en las lecturas del día, cómo el Señor en el Evangelio, nos resume los 10 mandamientos en dos: ”amarás al Señor tu Dios con todas tus fuerzas y, al prójimo como a ti mismo”, porque “estos dos mandamientos, sostienen la Ley entera y los profetas”, reza Mateo.

En línea con el Evangelio, como siempre, la primera lectura; en esta ocasión del Éxodo, donde el autor sagrado, nos refiere el interés de Dios de que ningún débil sea ultrajado ni sobornado por los más fuertes. Ni forasteros, viudas, huérfanos o pobres sean humillados, porque “si claman a mí, yo los escucharé porque soy misericordioso”, nos afirma Dios.

Es por eso que los creyentes no podemos caer en extremismos inútiles, como fingir amar a Dios con una piedad desencarnada que olvida rascarse el bolsillo en favor del prójimo necesitado, ni una pura filantropía de “buen rollito”, que olvida a Dios en el último cajón de su existencia.

¡Primero Dios! Y porque amo a Dios, Él mismo me envía a los pobres y necesitados. Obviemos esa acusación falsa que nos hacen a los católicos que dice que nuestra Caridad es un acto de superioridad con los pobres; jamás ha sido, ni es, ni será así. Dios me ha dado semejantes, unos cercanos y otros lejanos que son como yo, hijos de un mismo Dios y Señor; por tanto, hermanos, jamás inferiores.

Viendo la vida de D. Carlos Gnocci, sacerdote italiano que marchó a la guerra para atender a los soldados en primera línea de batalla, me sentí profundamente conmovido al ver como, al volver a su patria y encontrar a centenares de niños huérfanos y lisiados por  las bombas y minas anti-personas, se decidió a recogerlos de las calles y darles una vida digna; lo cual le ganó el apodo del ángel de los niños ¿Superioridad? ¡No! ¡Caridad Cristiana! Mandato divino que, si no cumplimos, seremos juzgados por nuestra falta de amor al que, siendo como yo, no ha tenido tanta suerte como yo.

¿Eres pobre? Da según puedas ¿Eres adinerado? Da según puedas. Pero no pensando en tu mañana (que ya Dios sabe lo que necesitamos), sino en el hoy del que ves sufrir por cualquier causa, material o espiritual y que necesita de tu oído, tu hombro, tu cariño y tu aportación generosa.

En el prójimo débil está Dios y, mirándole a los ojos, se reflejará el semblante del que te lo ha puesto en tu camino, Dios,  no para que lo esquives, sino para que lo ames y te ganes un jornal que ninguna riqueza de este mundo te lo podrá equiparar: el Cielo, ¡para siempre!
¡Animo!

Feliz Domingo. Feliz día del Señor.

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