Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario


 

Muy queridos hermanos todos:

El Señor vuelve a darnos luz y esperanza cierta con las lecturas de este nuevo domingo que nos regala. Nos hace ver que la Vida ha vencido a la muerte; que Él es Señor Soberano y no hemos de temer, aunque nuestra naturaleza humana tiemble ante una realidad que sabemos llegará, tarde o temprano. Cristo pasó por ella para aniquilarla, como nos revela Isaías en la primera lectura de hoy: “Aquel día,(el de nuestro viaje al encuentro de Nuestro Señor) el Señor preparará un festín” que ya no acabará, será gozoso como ninguno y nadie nos lo podrá arrebatar de las manos. 

Nos ha preparado el Cielo para que estemos con Él. ¡Qué gran Señor! Un Rey que sienta a su mesa a “pobres, lisiados, buenos y malos”, como refleja la Parábola de la boda que Cristo narra en el Evangelio. Ahora que tememos todos esta pandemia que nos acecha, sin distinguir a nadie, de nuevo, Dios nos invita a su “Mesa”, la Santa Misa, el Alimento para el camino de esta vida hasta el Cielo, la fortaleza de los que somos tan débiles, la alegría del corazón que se encuentra roto y triste, el Corazón del Señor abierto para que bebamos de esa Fuente Inagotable que calma la sed ansiosa de felicidad, el Amor más grande que ha pisado la Tierra jamás. 

¿Eres bueno? ¿Eres malo? No importa. Estás convidado a este Banquete de Bodas, siempre y cuando ames al Esposo de tal manera que quieras dejarlo todo para estar disfrutando con Él, en la Misa.” Uno se marchó a sus tierras (excusa para no acudir) otro a sus negocios, (afán de riquezas) los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos( los mártires y confesores de la Fe)”, por eso, no se merecían ningún premio; rechazaron la invitación; ¡qué desagradecidos! Así lo expresan las claras palabras de aquel Santo que nos hace caer en la cuenta de este gran Misterio:” si no quieres ir a Misa, ¿para qué quieres ir al Cielo?”.

Si fuera un invento humano, ya habría terminado obsoleto y olvidado. ¡Pero no! Es una invitación cordial, sincera y salvífica de todo un Dios que te quiere y quiere lo mejor para ti. Acuérdate del Corazón de Cristo cuando escuches la campana que te llama a comulgar en ese Banquete; vístete de fiesta(confiésate) para comer ese Manjar (si no quieres rechinar los dientes eternamente, lejos de Dios) ama y déjate querer por el Señor. Así de fácil. Así de sencillo. 

¡Alabado sea Jesús Sacramentado en el Altar para que te salves y resucites!

Feliz Domingo, feliz Día del Señor.

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