Domingo XXV del Tiempo Ordinario


Hermanos todos:

Casi sin darnos cuenta, hemos llegado a un domingo más; ha pasado la semana y casi no nos hemos dado cuenta. Y es que la vida pasa rápido. Por eso nos urge el Señor, cada día, a volvernos a Él, a volver a nuestra Madre, la Iglesia, a volver a tener en el Corazón de Cristo nuestro refugio y nuestro consuelo. No sabemos hasta cuándo estaremos en este mundo, no sabemos por cuánto tiempo, por lo que pensemos siempre que los caminos de Dios son mucho mejores que los que se nos ocurren a nosotros, por muy acertados y sensatos que nos parezcan los nuestros.

Así lo expresa el mismo Dios, por boca de Isaías en la primera lectura que escucharemos en la Misa de hoy: ”Mis caminos son más altos que los vuestros; mis planes, que vuestros planes”. Pero antes, nos invita a reflexionar en el por qué de esa preponderancia: ”Que el maleado abandone su camino y el criminal sus planes;…que regrese al Señor, que es rico en perdón”.

Cierto. Nos dormimos tantas veces en el pecado, nos confiamos tanto en nuestras propias fuerzas, pensamos que todo lo que hacemos está bien -aunque choque frontalmente con alguno de los Mandamientos-, que se nos olvida que Dios está cerca y nos llama a trabajar en su Reino. Nos invita cada día a abandonar nuestros errores para ponernos en el camino acertado del Cielo; nos invita a salir de la inactividad apostólica (perrera espiritual), para que nos pongamos las pilas en eso que dejamos de hacer hace mucho tiempo, o que deberíamos dejar de hacer y no lo hemos abandonado.

Escuchaba a un compañero predicar hace poco: ¿cuánto tiempo hace que no vienes a misa el domingo, ahora que estamos desconfinados? ¿Cuánto que no confiesas o no lo haces con sinceridad visceral? ¿Cuánto hace que no comulgas? ¡Claro! Eso es lo que Dios nos dice en el Evangelio, con esa comparación del dueño de la viña que sale a contratar jornaleros para sus tierras: “Sal de tu letargo, de tu comodidad, de tus planes perezosos, de tu pecado miserable (estar parados en la plaza)  y vente a trabajar conmigo (en la parroquia, en Cáritas, en la cárcel, en Cursillos, en la Adoración Nocturna o diurna, en la Cofradía…), que te pagaré excelentemente; tendrás el Cielo (1 denario)”.

¡Cuántas veces hemos visto a pecadores de toda la vida, cambiar radicalmente de actitud y volverse al Señor! Al menos, yo sí. Y decir los que les conocían: “Mira éste o ésta; antes era de los nuestros y ahora es un meapilas”. Un converso es una denuncia a todos los que quieren seguir “parados en la plaza”, o quizá siguen parados “porque nadie les ha llamado para trabajar”, como refleja la parábola que hemos escuchado de labios de Mateo. ¿Eres joven? ¡Vente a mi viña!, ¿Eres de mediana edad? ¡Vente a mi viña! ¿Eres anciano, convaleciente, enfermo, agonizante? ¡Vente a mi viña! Todos recibiréis el mismo pago: ¡vivir eternamente en el Cielo con Dios!! Casi nada, ¿eh?

No se moleste el que lleva desde niño en la parroquia y vea que viene otro que no venía; ¡alégrate, hombre! Que viene otro trabajador a aliviarte en la dura tarea. ¿Estás al final de tus días y piensas que no sirves para nada? Te equivocas. El Dueño llamó a última hora de la tarde a trabajar a los que quedaban en la plaza y recibieron la misma paga que los de la mañana. ¿Te parece injusto? Pues así es el Corazón De Dios, que no desprecia al que se acerca con confianza y arrepentido de sus pecados, para empezar a trabajar en una nueva vida que salta hasta la “Vida Eterna”.

No le enmendemos la plana a Dios, que sabe muy bien lo que hace y lo que dice. Los que no hacemos nada más que “pamplinas” y decimos más que tonterías, somos los que vivimos en la plaza parados, riéndonos del que sale a trabajar a la Viña del Señor.

He tenido la grandeza de conocer a niños que me daban 20 vueltas en cercanía a Dios y en finura espiritual (que gozan de su Señor para siempre en el Paraíso) y he dado los últimos sacramentos a muchos agonizantes que en el último suspiro de su vida, le han rogado el perdón a Cristo, como aquel buen ladrón. ¿Su destino? ¡El Cielo! ¡Lo importante es ponerse ya! No esperes a mañana, que puede ser tarde. Remángate, ponte al tajo, que al atardecer de la vida, te examinan del amor y hay que llevar el examen bien preparado. No tengas miedo de Dios, sino de ti; que lo único que Él quiere es “estar cerca de los que lo invocan”, como repetimos hoy, con el salmo 144.

¡Animo!¡Feliz Domingo! ¡Felix dies Domini!

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