Domingo XVI del Tiempo Ordinario

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El trigo y la cizaña

Queridos hermanos y amigos todos:

Este domingo, al igual que el pasado, el Señor habla en parábolas al pueblo, según afirma el profeta: “Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo”.

Y ya me hace la homilía a mí también, porque explica la misma parábola que expone, a petición de los apóstoles que le preguntan, en concreto, por una de ellas; la del trigo y la cizaña.

En concreto, hoy el Señor expone las verdades más ocultas a la mente y los ojos del hombre, por medio de tres ejemplos palpables en la vida cotidiana: el trigo y la cizaña, la levadura en la masa y el grano de mostaza. Parece ser que los apóstoles entienden rápidamente las dos últimas, pero se les escapa la primera; y le preguntan por su significado, a lo que Él accede gustoso contestar.

En definitiva, habla de un Reino, que comienza en este mundo y termina en la vida eterna, la cual explica claramente en dos términos: Cielo e Infierno. Cuantas veces hemos escuchado a gente cercana a nosotros que “el Cielo no sabemos si existe porque no lo hemos visto”, o que “el infierno es una cosa anticuada y que los Papas lo han eliminado”. ¿Qué Papa? ¿Qué falta nos hace ver el Cielo a los cristianos, si creemos en las promesas de Dios y todas las anteriores se han cumplido ya?. De la misma manera, ¡se cumplirán las futuras! Paso de este mundo al Otro, juicio particular, juicio universal, fin del mundo y resurrección de los muertos.

Esta parábola dice claramente que en el mundo y en la Iglesia también, hay trigo abundante y de calidad excelente, que ha sembrado el Mismo Dios, pero también cizaña, que ha sembrado “un Enemigo”, Satanás. Ambas crecerán juntas, aunque la cizaña pueda dañar algo el rendimiento de la espiga, pero un día, el de “la siega”, (El Juicio Final) uno, el trigo bueno, será separado para “Los Graneros de Dios” (El Cielo) y la cizaña será apartada y echada al fuego (Infierno). Esta separación sitio bueno, sitio malo, nos habla de un Dios que nos ha hecho libres, hasta el punto de no poder obligarnos siquiera a ir al Cielo con Él; eso lo elige cada uno, haciéndose trigo o cizaña, obedeciendo a Dios en todo, o haciendo lo que a la carne le da la gana y haciendo mal a los que nos rodean.

Por eso, amigos, el Señor, Grande y Bueno, “juzga con Misericordia al que se arrepiente”, como reza la Primera Lectura del Libro de la Sabiduría y “regala” el lugar del “llanto y el rechinar de dientes” a quien desprecia Mandamientos, Sacramentos y al Corazón de Cristo, que quiere que todos nos salvemos, pero no a empujones ni a la fuerza.

Cuánto grano bueno florece en todas las parroquias del mundo, sin hacer ruido, calladamente; sacristanes abnegados, señoras que adecentan los templos, gratuitamente, cuando nadie las ve, monaguillos que alegran y sirven las Misas, anónimos que echan su sobre en el cepillo, sin que nadie los vea, para los pobres o las necesidades de la parroquia o las monjas de clausura que llegan a pasar necesidad, jóvenes que animan y sirven “en lo que haga falta”, sin que alardeen de lo realizado, enfermos que en sus lechos de dolor, ofrecen su cruz para bien de otros, católicos que rezan por sus curas y las vocaciones sacerdotales, familias pobres que ayudan a otros pobres,…..y un enorme etc. que no podría terminar de nombrar.

De otro lado, la cizaña, que merma el buen fruto, que daña la espiga buena, que solo intenta “chupar” el agua y el alimento del trigo. Que quiere dividir espiga de espiga y no se vean, como si eso sirviera para algo.
La Sagrada Escritura nos habla de esos “cizañaores”, como se dice en mi pueblo: cotillas de vidas ajenas, que no disfrutan de la suya propia, que envidian y se corroen por dentro, por la prosperidad del otro, que se hacen chismosos a fuerza de llevar y traer mensajes de crítica al criticado para conchabarse con ambos, sin darse cuenta de que le anima Satanás a ello y, por tanto, no tendrá en su mano ni a uno ni a otro; el Papa Francisco llega a llamarlos “terroristas” que llegan, destruyen y se van. Qué doloroso, ¿verdad? Y qué pena que en lugar de llevar a Jesucristo en nuestra boca, llevemos la crítica, el chisme, la alcahuetería como norma, en lugar del silencio, el manto de Caridad hacia el criticado o difamado y la alegría  de  poder hablar del Reino de los Cielos que une y anima el corazón del decaído.

Dios une, Satanás divide. El trigo da rendimiento, la cizaña no sirve ni para alimento de animales, sólo para quemarla.

En este nuevo Domingo y nuevo día que el Señor nos regala, acerquémonos a la Santa Misa para darle gracias de nuevo, pedirle por tanta necesidad y volver a alabarlo porque, como Él nos prometió, ha resucitado y nos espera en el altar y en el Cielo. ¿Animo! Con este fragmento del himno de laudes, os deseo un feliz Domingo y Feliz Día del Señor: 

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