Domingo XV del Tiempo Ordinario

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Parábola del sembrador./Foto: LVC
Amigos míos:

¿Qué tenemos que hacer para ser tierra buena que dé frutos abundantes y de calidad como cristianos? Cumplir la Palabra que hoy el Señor nos dirige a cada uno al corazón. Y para cumplirla, primero leerla y meditarla, examinar nuestro día a día y ver en qué puedo “trabajar mi tierra”, para que el grano sea provechoso.

Me gustan las parábolas que el Señor dirige a sus oyentes, porque son totalmente reales, comprensibles, sencillas y que cualquiera puede entender; hasta un niño pequeño. Por eso, que nadie pueda decir que la Fe es complicada y que no la entiende. Que no la quiere entender este mundo, es distinto.

Por eso el Señor usaba continuamente parábolas; en este caso la del  sembrador que salió a sembrar. En aquella época y hasta hace no tanto tiempo, se sembraba a mano, tirando el grano a derecha e izquierda en la tierra recién arada y removida manualmente o con la ayuda de bestias. Lo cual nos hace caer en la cuenta de que algunas de esas semillas iban a parar a terrenos no deseables para dar un buen fruto: caminos, pedregales o zarzales.

Porque en ellos, o bien los pájaros se comen la semilla, o brotan enseguida y el sol se come el brote, o las zarzas dejan inservible lo nacido. Eso es lo que el Señor quiere que aprendan los apóstoles primero , para explicarlo después a los fieles seguidores que se apiñaban en masa para escuchar al Maestro, lo que es muy curioso; no explica en público el significado de la parábola, sino que lo hace en privado a sus 12 Elegidos para que después de Pentecostés, salgan como sembradores al mundo a explicar un Reino que no es de este mundo.

Al borde del camino, estamos cualquiera de nosotros, cuando escuchamos la Palabra De Dios: unas veces porque no prestamos atención (estamos con el móvil cuando se proclaman las lecturas y evangelio en misa o charlando o ni siquiera hemos llegado con hora para escuchar la liturgia de la Palabra) y viene Satanas y roba lo sembrado (o intentado sembrar por Dios). Si no entiendes pasajes de la Escritura, pregunta a tu catequista, cura, padre, abuela, que estén formados en ello y puedan responderte; y si no pueden hacerlo, que “se pongan las pilas“ y se formen para dar testimonio y ejemplo. Pero tú, escucha, medita, llega con hora, (que algunos van a llegar tarde hasta el día de su propio entierro), fórmate en la escuela del Sagrario y la catequesis, que muchos te van a pedir respuestas.

Cualquiera podemos ser terreno de piedras; ¡qué bonito el Evangelio de hoy!, ¡qué cosas más hermosas dice el Señor!, ¡hay que ver que las lecturas eran precisas y preciosas hoy! Y salimos a la calle y lo hacemos criticando, pensando en la vestimenta de la que estaba en el banco de delante, o en la cerveza que va a caer y el cura se está alargando en el sermón. Y a la hora de poner por obra lo que decía esa preciosa lectura, ¡qué pereza! Hoy sí pero mañana no, ¡qué tampoco hay que abusar de tanta Fe!, al principio 7 rosarios al día  y el mes  que viene ni el Padrenuestro ¡Nos falta constancia! Alegría, contagiarnos  de Dios para contagiar a otros de ese Dios que vive y quiere que vivas una vida plena, no perruna.

O somos zarzas que hacemos enredar la buena semilla y la estrangulamos con el amor al dinero, a los placeres de este mundo, por muy normales que aparezcan, los afanes, el trabajo, trabajo, trabajo, que parece que si yo no lo hago, el mundo no va a seguir girando, etc. Hermano, hermana, no enredes tanto, déjate de tanta complicación: primero Dios, segundo familia, tercero Patria; y verás cómo el dinero público sí que tiene dueño, los placeres para quien ha firmado “contrato legal”con Dios y el trabajo, bien hecho y responsable, pero sin dejarte el pellejo, ni la familia, ni los amigos abandonados.

Seamos tierra buena y fértil. Seamos cristianos de palabra y de obras. En la calle y en la casa, en el trabajo y en el bar, en la escuela y la universidad, en la virginidad primero y en la sexualidad humanizada, después, en el celibato y la consagración virginal, seamos primero de Dios, segundo de Dios y por último y definitivo, de Dios. Porque el fruto (que lo da Dios) será del 30, 60 o del 100 por uno, lo cual hará mucho bien a nuestro prójimo, al prójimo más alejado y a la Iglesia, Nuestra Madre Santa y Universal.

¡Anímate! Prepara tu tierra y hazla fértil que el Sembrador de Corazón más Grande  la busca y la paga muy bien; tan bien, que la paga es mejor que la de la ONCE, que es sólo para toda la vida. La que Cristo promete, es para toda la Eternidad.

¡Feliz Domingo! ¡Feliz día del Señor!

 
 
 
 

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