Domingo XIV del Tiempo Ordinario

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Patricio Ruiz Barbancho.

Hermanos y amigos todos:

Hablando hoy con un buen amigo, le contaba, como en mi pueblo, Santa Eufemia, en verano el cielo se ve tan espectacular a simple vista, que uno se siente chico ante tal espectáculo de belleza y magnitud; hasta el punto que brota una alabanza espontánea y sincera dirigida al mismo Creador: “Señor, qué grande eres y qué bien lo has hecho todo”.

Y es que, en la belleza de lo caduco, se trasparenta la Belleza Eterna del que lo creó todo, como afirmaba san Agustín, aunque no con estas mismas letras.
Dios es grande sin mí, yo soy nada sin El. Me creó, nos creó para el bien y la belleza; y, a pesar de que el hombre se empeña en destruir la Creación de Dios, incluyendo incluso al mismo hombre, “el Señor es Paciente y Misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia, no tratándonos como merecen nuestras (malas) obras”.

Hasta tal punto es Grande Dios, que “se hizo lo que no era (hombre), sin dejar de ser lo que era (Dios)”, como afirma san Proclo de Constantinopla en su Tratado sobre la Natividad. Y esto es lo que viene a decirnos la primera lectura, salmo y Evangelio de hoy, Domingo.

El profeta Zacarías habla del futuro Mesías: un Rey, humilde, que se acerca a ti en algo tan sencillo como un pollino, pero a la misma vez, ese que se ha “humillado” por tí, por tu pecado, para que te salves, “dominará de mar a mar, del Gran Río, al confín de la Tierra”, reza la profecía. Quieres llegar a Dios? No seas un listillo con El, no le vaciles, no lo chantajees, no te creas más que Él, no le marques lo que es pecado y lo que no, sino todo lo contrario; hazte chico, rézale, sé humilde y aprende a serlo, conociéndole, acepta lo que toca hoy, que el mañana ya llegará y dale gracias cada día por todo; eso es ser cristiano (como Cristo).

“….Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón y encontrareis vuestro descanso….”, afirma Cristo en el Evangelio. Por eso la crítica, el “llevar y el traer” chismes de unos y otros, sin hablar de mis defectos, el juicio inmisericorde hacia el prójimo, el oprimir al trabajador que tiene que mantener una familia dignamente, el jugar con la vida de los no nacidos o de los enfermos terminales, la mirada de desprecio hacia el sencillo, el pobre, el que no tiene salud, la familia numerosa, la belleza de la virginidad hasta el matrimonio, la liberación del perdón sin condiciones y así, hasta nombrar todo lo que Dios ama realmente, “fabrica” poco a poco, orgullosos de corazón, duros de cerviz y destinatarios del abismo sin retorno.

Hablemos de la grandeza de Dios!!!! En la parroquia, en la casa y en el bar, nos escuchen o no. Mientras subía ayer hacia la parroquia y hablaba por teléfono, iba charlando de nuestras cosas; “pues ahora subo a decir Misa y luego me paro a confesarte si te viene bien”, o “anímate a comulgar que sin Dios, no somos nada”. Caras que se volvían a mirar, risas por lo “bajini”, miradas de “no me lo puedo creer” con sus acompañantes. Y sabéis que? Que iba más a gusto que un rucho! Tanto o más que el rucho que portó al Señor, humilde Rey, en su entrada triunfal en Jerusalem (profecía de la Primera Lectura).

¿Estás cansado? ¿Estás agobiado? ¿Estás triste? ¿Cabreado? (Disculpen la expresión). Ve al Señor. ¿Cómo? Muy fácil: confiésate que ya va siendo hora, ¡pero de verdad! No un lavado de cara, sino uno de estómago, reza a tu Dios cada día, ¡todos los días, a Misa! Déjate de tanto coronavirus, que nos va a salir por las orejas y las iglesias están más limpias que el bar donde te hartas de beber, porque piensas que así ahogarás tu pena, vacíate los bolsillos en beneficio de Cáritas, Manos Unidas, AIN, Adevida, OMP, Adoratrices,….y acuérdate que hay muchos conventos de clausura, que se cerraron por dentro para entregar la vida rezando por toda la humanidad y pasan mucha necesidad.

La Virgen lo creyó, lo vivió y recibió a Cristo en su seno, porque se llamó su “esclava” creyéndoselo. Créetelo tú también y piensa que hoy puedes ser alguien y mañana te mueres y el mundo sigue igual. Sé un santo humilde y dejarás mucho bien hecho en esta vida, para recoger los frutos cuando cruces la meta: la del Cielo.

¡Feliz Domingo!

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Nacido en santa Eufemia el 22 de julio de 1981. Ordenado sacerdote el 25 de junio de 2005. Destinos: Fuente Palmera, Hinojosa y San Miguel (Córdoba) Gustos: estar con mis amigos y el campo.

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